Blogia

DUNKELSEELE

Estuviste ahí, lo sé...

Estuviste ahí, lo sé...

Un volcán nevado,

ron viejo de caldas,

alfajor importado,

una sonrisa, un beso,

una cita,

un tango que llora,

bunuelos y chocolate picante,

sobre todo...tu

Desperté,

te esfumas

entre aroma de café...

 

Óxido existencial

Óxido existencial

Estaba con el viento insistiendo, rodeando todo el cuerpo, buscando la falla, el error para que las alas esenciales surgieran, se expandieran, dejando atrás a lo accidental, pero no, las extremidades actuaban vigorosas, los latidos fusionados a las mínimas oportunidades de agarre a la piedra, mientras con posiciones inverosímiles, aferrado a la pared apenas iluminada por reflejos lunares, toma un respiro, observa al vacío, después a la ya lejana mancha, la carretera apenas recordada, girar, girar, sin miedo y entrever los reflectores de la que no duerme, la ciudad.

Las puntas de los dedos descubren dolores, novedades secundarias, la adrenalina las mantiene en quinto plano, evitar distracciones y admirar atrapado desde esa esquina, sacando provecho de la persiana que la luna regala.

De cuando en cuando fugarse, ser quizás, menos ciego o algo más talentoso, mirar, desde el rincón de la eternidad, total, el arrancar un pedazo de ella a lo fugaz, no arderá.

Un vendedor de motivos te lo mostrará diferente, querrá que vos des lo mejor de ti, te dirá que la cima es reservada para ganadores, que el éxito lo tienes a la vuelta de la esquina.

Frenar duele, conducir de regreso después de la epopeya sobre la roca, es un plus a la sorpresa de ascender a la cima, mirar, alegrarse y retornar. La fatiga estigmatiza la carne, los reflejos suenan con el letargo del diario devenir.

 

 

Inverosímiles conexiones

Inverosímiles conexiones

El doctor abrió el cofre cuidando de no estropear la chapa, forzándola, al tiempo que las miradas se plegaban a descifrar el contenido que la escena ofrecía. Nadie a ciencia cierta, contaba con idea clara de nada. ¿Cómo llegaron ahí? ¿Qué buscan?

Después del delicado crujido, entre el polvo, herrumbe y telarañas, de entre la oscuridad surgieron un par de cajas de madera, labradas detalladamente, con alusiones orientales, quizás de la India, aunque originarias de China pudieron ser también. Cada una contenía rastros de no haber sido utilizadas desde tiempos lejanos, y a pesar de ello, resaltaba su excepcional belleza. Unos artefactos descriptibles como ganchos, de unos doce centímetros, envueltos en una seda grisácea, atesoraban recuerdos de dolor y sufrimiento. Unos pequeños frascos de vidrio, no abiertos en por lo menos una centuria, protegían celosamente sustancias prohibidas, agobiantes.

Eli despegó la mirada comunitaria y lentamente recorrió con sus ojos el patio, los carmines muros, los árboles desnudos, cuyas débiles ramas proyectaban sombras, reflejo sin piedad abstraído del cuarto creciente.

La ubicación del edificio, a la periferia  de centro histórico, era un argumento a favor, que unido a las demás piezas del rompecabezas, pudiera ofrecer una coherente explicación a todo.

El doctor, después de un detenido análisis a respiración entrecortada, comenzó a dilucidar el antigüo uso de los artefactos combinados con los químicos, olvidando momentáneamente el par de cajitas talladas.

Antes de iniciar la explicación, Eli emitió el grito más tenebroso jamás escuchado, alterando brutalmente a todos y derrumbando la escasa confianza del grupo. Jorge quiso calmarla con  un abrazo, pero Eli, sin más, le clavó una de las horquillas  directamente a la aorta, para después huir internándose en los fríos pasillos del edificio.

Todos enmudecieron, por un lado el reguero de sangre, por otro, la suave brisa crujiendo las esqueléticas ramas, nadie se movió, nadie hizo algo para frenar el terror.

Desperté con la extraña sensación de haber formado parte del equipo en ese olvidado manicomio.

Realmente fui en verdad o solo unas semillas florecieron en mi inconsciente  para alucinar, no olvidar y plasmar todo? Miré al lado, busqué luz, y lo único que encontré en la mesa contigua, fueron unas extrañas cajas labradas preciosamente en madera, que lentamente se difuminaban.

De pandemias y otras pequeneces...

De pandemias y otras pequeneces...

Nublado, a pesar de la temporada, el calor no arrecia, quizás tiene miedo también. Calles semivacías, cual periodo estival, la metrópoli se esconde, respira bajo mascarilla, se agazapa.

Pasé a comer unos taquitos al papalote, los meseros me reciben con la boca cubierta, mesas solas, les alegra recibir al comensal del día. Ya por la tarde, visito un café, solo, triste, abandonado por su característica de atraer gentíos, tumultos, antes ventaja, hoy irónicamente, un respiro.

Los nómadas hemos contribuido sin que sea nuestro objetivo a transportar plagas, lo admito, desde aquellos que peregrinaron por Europa cargando peste hasta los conquistadores que repartieron sin ton ni son viruela en América, siempre se da el caso de una población que recibe su dosis de veneno por parte de otros gozan de resistencia a la misma.

Las medidas tomadas para evitar contagios masivos permiten a las almas peregrinas pasear libremente, quizás no inmunes al virus, pero sí libres e inmunes al miedo repartido por los medios, los gobiernos, la sociedad.

Queridos lectores, permanezcan en sus casas esta larga semana de cuarentena, otros nos ocuparemos de las revelaciones.

 

 

 

Addicted to farewell

Addicted to farewell

Mientras digería poco a poco las ideas de la cena, entré al ciberespacio para continuar la comunicación que a través de mensajitos incié minutos atrás con mi amiga guanajuatense. Charlamos durante horas, largo y tendido, hubo confesiones, explicaciones, lecturas, engranaje de actuaciones y mejor aún, de escritos que en principio parecieran inconexos y que al darles una ilógica trama, asombrosamente presentan una claridad inesperada.

La primera ocasión que tuve contacto con la hierba mate fue en Aguascalientes. Brenda trajo y a pesar de su amable ofrecimiento, no me animé a saborearla. Anos después, ya en Buenos Aires, un amigo de Comodoro Rivadavia con espíritu de profesor de a deveras, se dedicó a explicar a la bola de extranjeros incluido yo, el arte de preparar y degustar la bebida. Aprendí a qué temperatura debe estar el agua, cómo vaciar la pava en el mate, cómo evitar que la hierba se queme, pero más importante fue lo que representa matear con los amigos, un cuasi-símil con preparar una carne asada en Monterrey, digamos.

Mi amiga guanajuatense confirmó lo que suponía, la existencia del hilo conductor que traslapa mis escritos, por así decirlos, amorosos con mis vivencias. Le recalqué que sin las experiencias, los escritos no existirían, hace falta la carne que cubra el esqueleto.

Donosti, agosto 1994, 7 de la manana, un atribulado estudiante mexicano se preparara para el duro retorno a su patria, dejando ahí, una relación de carino inconclusa... la ansiedad ha estado corroyendo su alma durante la última semana, y vaya semana!! Ajetreo, despedidas, playa, marcha, mucha marcha! Joder tío! esos kalimotxos de a litro sí que pegan.

Escasos minutos para abordar el bus a Madrid, toma de la mano a la chica que lo fue a despedir, a la chica de esta relación, esta nina, la lleva unos pasos de la gente, mira sus pupilas mientras las propias se dilatan, la besa y susurra en su oído "como dijo Mac Arthur, volveré".

El mate se pasa al de al lado, quien debe dar un sorbo y continuar con la ronda. Quedar con él un rato provocará recriminaciones tales como "’Che, que no es micrófono", y es que al calor de la charla, los primerizos en el arte de la amistad argentina fácilmente se olvidan de pasar la bebida. Cuando se bebe por la manana, lo mas conveniente es incluir unas facturas, divertida aplicación al pan dulce, recien horneado, que se vende por esas latitudes.

Amiga guanajuatense, la vida está llena de encuentros y despedidas, el problemas es cuando nos enviciamos y le pegamos al existencialista, al fomentador de ausencias, mismas que después se tornan en suspiros de ansiedad por lo que no fue...uno se vuelve, en ese estado, un adicto a las despedidas. Hemingway siempre lo tuvo presente.

Donosti, agosto 1994, 7 de la manana, la gente del autobús, impacientada por querer iniciar el viaje, afanosamente miraba al mexicano cuyos labios se fusionaban con la chica, mientas la mano, poco a poco se desenredaba de los dedos ajenos. Pregunta entonces ella, con la inocencia de los amores veinteaneros, "ese Macarthur, sí volvió???"

Anos después, volví, pero ella, ella ya no estaba. Esa es una factura, que como las que acompanan al mate, quedó pendiente...addicted to farewell.

Del otro lado/ en memoria Julio Cortázar

Del otro lado/ en memoria Julio Cortázar

Antier estuve leyendo sobre el aniversario luctuoso de Julio Cortázar y vino a mi mente esa delicia de lectura que es Rayuela, mi corazón re-palpitó por las magas, oh, sí, las magas, aquellas que se cruzaron en el camino y aquellas más que han clausurado sus bocas y besos para mí. Y es que esa obra, mi querida amiga, se fusionó entrañable y misteriosamente conmigo, con mis vivencias en 2007 allá, al otro lado, en el sur lejano de la Argentina y después, todo se engranó con este lado, vuelta acá, en México. Las calles Maipú, Esmeralda, los mates, la maga visitada en  Montevideo, la que tomó el bus en el Obelisco, la vivencia y caída en el manicomio, los asados y los amigos que nunca han salido de su ciudad natal, todo eso, formó una vorágine que penetró mis fibras formando esos arquetipos oníricos que eternamente arrastraré.


En el Buenos Aires querido, esquina Callao y Santa Fe se encuentra el otrora teatro "Splenda" convertido en "el Ateneo" y que destacadamente ocupa el honroso papel de la segunda librería más bella del mundo. Ahí, querida amiga, una tarde lluviosa, algo fría, pasé a gusguear en el más amplio sentido de la palabra y te lo prometo, fue un shock inesperado. Imagina un teatro Art Decó, de la década de los locos veintes, tiempos de Gardel, mutado en librería, donde la recepción invita a perderte en las novedades literarias, donde los palcos de los pisos superiores están tapizados por estantes armoniosamente atiborrados de libros  y donde lo que alguna vez fue escenario de miles de representaciones, presume hoy un café gourmet, con piano incluido y música en vivo jueves a partir de las 7:30.

Allí, después de acariciar lomos y lomos de libros, el destino o el qué se yo ubicó a Rayuela en mis manos. Un sillón me guiñó y mesmerizado, lo ocupé para engullir párrafo tras párrafo, hoja tras hoja, cada uno de los geniales encuentros y desencuentros ubicados en el París de postguerra entre Oliveira y la maga, las reflexiones gramaticales, los inexorables destinos, los peces de colores y los paraguas arrojados al Sena.

No hubo más opción, después del deleite me acerqué a la caja, desembolsé con gustó la guita y con un gran pesar, desemboqué de nuevo en la esquina atiborrada de gente por la hora y por la entrada al subte. Seguí hasta Corrientes, arribé por el notable café "El Gato Negro y  entre ramas de canela, té de jengibre y especias de todo el mundo, saboreé un aromático café de Kenia mezclado con semillas de Cardamomo mientras el eterno, impactante capítulo 7 de Rayuela devoraba mis ojos y corazón.


Lo más atractivo del abismo

Lo más atractivo del abismo

Un incorregible escalador de montanas cuyos dotados pulmones respiran aire desoxigenado a los 3500 metros de altura donde reside, explicaba en una plática los retos e inconveniencias de dedicar la vida al deporte de locos y vagos, aclarando el término vagancia como la acción de viajar a las montanas.

El abismo siempre acompana al escalador. Siempre, dejando solo dos opciones: vida y éxito y muerte con fracaso. Todo error, por milimétrico que sea, cualquier desconcentración, termina sin más remedio que en el final. Así es la montana, así el ánimo de alcanzar la cima.

En el día a día el abismo está presente, aunque le ignoremos rotundamente. Ahí, agazapado, fuera del área de visión, se transmuta y se lame los bigotes en espera de la caída, del abrazo infinito hacia él. Normalmente lo ignoramos porque si ya de por si la vida tiene bastante en que ocuparnos, ir por las calles paranoicamente cediendo terreno al abismo, pues desembocaría en una nada llevadera existencia. Tendemos a mirar a otro lado, donde las chicas sonríen, donde los pájaros trinan temprano, donde las fuentes derraman chocolate, donde estamos en primera fila del concierto, donde la maestra nos pone la estrellita en la frente por nuestra excelencia académica. Y al cabo de los días, anos, adormecidos nuestros sentidos, embriagados, nuestros suenos, nos damos cuenta de reojo que ahí está, sí, el abismo, a un paso, cerquitita, seduciéndonos, hablando al oído.

Ya en el fondo, habiendo gentilmente cedido sin darnos cuenta, comienza la desorientación, la falta de aire, la sobrexplotación de las pasiones, la destrucción de los palacios de los suenos, nos saturamos de venenos, culpamos a los otros, dejamos de escuchar....

A diferencia de la montana, aquí si hay camino de retorno y ya retomándolo, desandamos equivocadas vías que creímos ciertas, latentes, palpitantes. Eso sí, el trance aporta experiencia y complementa la existencia humana.

Lo más atractivo no fue evitarlo, ni caer, ni residir en él, ni salir a flote, ni alejarse. NO. Lo más atractivo, queridos lectores, lo que realmente hace atractivo al abismo, es el abismo mismo.

Un par de meses después de escuchar la charla sobre alpinismo, surgió la noticia mundial de que algunos de los amigos del conferencista que conocí en aquella ocasión, desaparecieron en el Himalaya. El abismo cumplió con lo suyo, ellos, simplemente, fueron tragados, forever

 

 

 

 

 

Suena jazz, charlas de café....

Suena jazz, charlas de café....

Hoy me he descubierto melancólico al dedicar unos momentos a mí y no a las constantes tareas que enfrento día a día. Curiosamente, hace muy poco me di cuenta de algo innegable, que apenas empecé a sopesar: mi nómada espíritu.

Suena jazz, charlas de café flotan en el ambiente....finales de década, una vez más, y todo se respira tan monótono...tan monótono. Un par de enamorados ignora mi presencia y se dedica a lo suyo, abrazar, carinitos, sonrisas, besos furtivos.

El espíritu del nómada es contradictorio, apenas comienza a sentirse a gusto, a reconocer kioskos del periódico, a saludar al cartero, a saborear las delicias de los pintxos vascos cuando ya está caminando paranoicamente, cuidando el pasaporte, escudrinando miradas ajenas en musulmanes mal encarados, cruzando detectores de metal, afinando sinónimos, rezando a milenarios budas. Y de nueva cuenta, cuando ya la sopa es familiar, cuando la cerveza shinga gorgotea por la garganta, cuando las enchiladas placeras se volvieron cena obligada, ya aparecen las arepas, los bunuelos, las bandejas paisas y antes de que termine de engullirlas todas ya estoy de vuelta en los tacos de carne asada y la machaca con huevo. Mas grave es aún, el hecho de arrancar trozos cardiacos y dejarlos en bellos lugares, para con el resto, retornar a la base de la vida.

Cómo llamar esto?? Acaso podría titularse El extrano caso de un inquieto moreliano, que buscó en los lagos tailandeses, o en el trasiego de los zocos marroquíes, en los nevados andes o en la soledad de la Patagonia, una parte de sí mismo sin la cual probablemente nunca hubiera podido comprender del todo por qué escribía, por qué vivía.

Pasear entre los límites, fronteras creadas por el hombre, pareciera mi solitario destino. En el largo y aburrido inter, solo queda prenderse de los recuerdos mientras la próxima expedición se alista.

 

Lecturas y desvaríos

Lecturas y desvaríos

Un café, cortao, vamos, un macchiato pues, joder! Esta gente no sabe ni a lo que se dedica. Venga, el vuelto, gracias.

No hay mesas disponibles, muy al contrario de lugares sin alma, digamos amablemente atmósfera, que he conocido. Vale. Comienzo a hojear primero, después a leer detenidamente, las páginas del país semanal, hasta llegar al artículo que me permite escabullirme de la charlas vecinas, de olor a crepa de jamón con queso, de las miradas de los camareros en espera de mis órdenes.

Piccard. Familia Piccard. Suizos, 3 generaciones de aventureros y científicos, excelente combinación para estos aciagos tiempos de Bonds hiperviolentos. Devoro la historia  mientras mis conexiones mentales se evaporan a cabinas submarinas, globos aerostáticos, aviones solares.

Cuántas clases de mexicanos hay? Muchos hablan de fresas, nacos, chilangos, regios, culiches, jalisquillos, una fauna digna de zoológico. Yo los catalogo simplemente de dos maneras: Los mexicanos que fabricaron los dispositivos ópticos para los vehículos de la NASA en marte. Éstos amigos, hermanos espirituales de los Piccard, saben anticipar el futuro, crear, transformar, parecen alquimistas revolucionarios.

Tenemos la otra clase de mexicanos, recordemos a aquellos que borrachos apagaron con orines la llama del soldado desconocido en París. Esa es la otra clase de mexicanos. Para mí no hay duda, solo existen esas dos clases. La pregunta es... Cuántos hay de cada una???? La respuesta nos dará la clave del país, su futuro.

Continuo con la lectura. Ahora se habla de la diversidad religiosa del planeta. Otro tema de meditación, ya vapuleado por mi curiosidad. El marketing es todo. Inconexa relación, no???

Me explico, el gran mercadólogo del cristianismo, San Pablo, aventó a las masas el discurso en la mismísima cima del monte Aerópago. A partir de ahí se comenzó a gestar el movimiento en occidente.

Ahora, Ratzinger desdice a Wojtilia, el infierno con toda su rudeza existe, así como el cielo con nubecitas. Los Piccard han bajado a las profundidades del océano y volado entre nubes, extremos planetarios, elementos de la misma cadena. Unos evolucionan, otros, se aferran al medievo y otros, los peores, se mean en el orgullo de naciones.

Así es este mundo. Cierro la revista, ideas combinadas, divagaciones al parecer inconexas, lecturas que invitan a la irreflexión. Me quedo mejor con frase del maestro Alejandro Dolina:

Ignorar las consecuencias de los propios actos, eso es el infierno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esencia

Esencia

No te olvido, al contrario, realmente muy al contrario, la espera y el inexorable, constante tic tac aturden la claridad y evaporan la realidad en asuntos mentales, casi alquímicos. Companeros del silencio, los flash backs aparecen uno tras otro mezclándose con fragmentos de visiones hiperrealistas, atolondrando al compás que pretende llevar la incauta alma a construir un destino prefabricado y alimentado con suenos ajenos.

La esencia perdura, mutada, queda claro, y proporciona la máscara perfecta para ser reconocible, la información genética sumada al trajinar temporal ayuda a ser reconocido por otros, pero...podrás vos reconocer mi alma???

Sé que sí, no preguntes cómo, ya que lo ignoro, pero sé que sí. Ahora resta dar forma, crear ese pedazo  de necio futuro aguijoneado por la diosa fortuna tantas veces!

Espérame, ya voy, ya estoy aquí.

 

 

 

 

Ven y cuéntalo

Ven y cuéntalo

Después de un ciclo escolar en el país vasco, específicamente en la bella Donosti, me adapté al sentimiento de vivir bajo el manto del terror. En una ocasión transitando a altas, pero altas horas de la madrugada por la calle Juan de Bilbao, oasis de bares independentistas, donde el castellano está prohibido y las paredes tapizan consignas vs Espana, el rey, el presidente en turno, y donde mis amigo radicales me instruyeron a sobrevivir entre cerrazones de mente, ahí, me di cuenta de que sigilosamente los huranos vecinos se turnan a vigilar a los que arrastran sus borracheras por tal sitio. En mi viaje de tequilas, kalimotxos, canitas y zuritos, se me ocurrió la no tan brillante idea de desprender un pintoresco poster que mostraba los pies de un muerto con un número colgando del dedo mayor. Al acerca la mano a él, escuché un silbido y de volada sombras entre las cortinas de los ventanales chaval, que dan a la calle, se agitaron para prepararme un paliza, muy a pesar del anuncio de Amnistia Internacional que colgaba a inicio de la calle. La lucidez de superviviencia me indicó que siguiera caminando hasta alcanzar el depa en esa misma calle donde pasé un mes, conviviendo con holandesas y alemanes.

El gobierno vasco, con el afán de atraer al escaso turismo ibérico a sus tierras, desarrolló una campana bajo el slogan "ven y cuéntalo", combinado con imponentes paisajes de bosques, costas, montanas que invitan a nunca dejar esta patria.

Los abertzales, jóvenes iniciándose en las callejeras batallas vs ertzaintzas, se dedican a gamberradas que van desde la tradicional guerra de piedras contra la policía autónoma hasta el incendio de coches y destrucción de vitrinas. Me tocó una vez, en plena alameda, esquivar piedras mientras los guardias civiles corrían hacia mi, me pasaban y daban su dosis a los rijosos. Otra ocasión, ya más oscura, me enteré de que en la playa aparecieron algunas carteras tiradas, equipadas con mecanismo detonador y suficientes clavos para dejar ciego y arrancar manos, desfigurar rostros y joder la vida a quien la avaricia o curiosidad pusiese en tentación. Una pobre senora se quedó manca e invidente de por vida. Algún fotógrafo certero, la grabó en su pentax, para que después corriese la misma imagen, en las calles guipuzcoanas, ampliada en un poster con la leyenda: "País Vasco, ven y cuéntalo".

Morelia 2008. Ven y cuéntalo.

Junto a la plaza Ocampo, lugar de los atentados que cegaron existencias y mutilaron destinos está la plaza de armas o también denominada de los mártires, ya que muchos caudillos independentistas fueron ejecutados ahí durante la guerra de liberación. De hecho, el portal al costado poniente de catedral es el sitio donde fue fusilado el héroe Mariano Matamoros.

Hace 200 anos se dieron las conspiraciones para liberar la Nueva Espana del yugo político del estado espanol, como ahora el país vasco busca con sangre. Hoy por hoy, el terrorismo aterrizó y fue precisamente en Morelia. Ven y cuéntalo, dirían los vascos.

Iturbide ,primer emperador de México, cuyo nombre en vasco significa ""el camino de la fuente"", fue Moreliano, y asesinado bajo tración, en Tampico. Ven y cuéntalo. Entre las víctimas hubieron unos tamaulipecos.

Hoy el país es gobernado por un moreliano, quien hizo frente al crimen sin las herramientas adecuadas y como historia cíclica, conspiraciones, mártires, ejecuciones, tuvieron epicentro en la capital ideológica, les guste o no, del país. La debilidad de un estado, la profunda división entre liberales y conservadores, el amor al consumo y alejamiento de la naturaleza, la ignorancia rampante, todo eso combinado forma los despojos de nación-país que alguna vez unos pocos aspiraron a alcanzar.  No creo en las casualidades, mas bien en las causalidades.

Escuché a un regio, uno de esos fresas de mierda y además remaricón, sí, de esos llorones que se pusieron indumentaria blanca, tomaron una vela  y salieron a las calles a lloriquear el que secuestren y maten a los de su clase, lo escuché decir que qué bueno que en Morelia sucedió eso, que ya somos muchos. Ven y cuéntalo.

México se fue al carajo en 1847, gracias no a los gringos, gracias a la escoria mexicana de ese entonces que traicionó al país. Hoy por hoy, esos cerdos corretean libres, gozando de la libertad de expresión obtenida con la sangre de antepasados. Corren cada fin de semana a Mac Allen, patio trasero mexicano, corren a ser subgringos. Eso es lo que son y se lo merecen. Subciudadanos de la única potencia que ha pasado de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización.

Morelia, mucha sangre han derramado tus hombres por escoria. Parece tu destino. 

Ven y cuéntalo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crónicas malditas III. El espejo.

Crónicas malditas III. El espejo.

Vagos momentos en el infierno.

Al sucumbir el resto del atardecer,  el asombró creció al ver cómo las nubes se deslizaban  rápidamente, como nunca antes nadie las había visto hacerlo. La tristeza se apoderó de mí. Supe que el fin estaba cerca. Eché una mirada alrededor y vi el paisaje repleto de zarzas, con renovadas espinas sedientas de trémulos pellejos, bastante hostiles. Los dedos de mi pie cantaban a mi sistema nervioso el mismo estribillo de dolor; ignorando esto, arrastraba el pie pensando cómo huir. Era imposible. Enfrentar a eso que hasta entonces, se mantenía indescriptible.

El guía ofreció más polvo blanco, el cual acepté sin chistar, y en un instante preferí  ocurrió guardarlo, fingiendo comerlo. Lo puse dentro del pedazo de ropa que  alguna vez fue  pantalón. La oscuridad rodeó todo. Mis dientes desobedecieron y rechinaron.

Las sombras del verdadero mal.

Nos detuvimos para que el guía tomara unos palos, los frotara y nos los devolviera igual como estaban. Así, supe la verdad: ¡Nunca había tenido poderes especiales! Nuestras alucinaciones nos habían hecho pensar que fabricaba hachas. Comencé a llorar discretamente por la desgarrante verdad.

Un ruido retumbó tras de nosotros. No quise mirar, porque sabía que sin los polvos, toda la crudeza de la realidad sería ya una certeza. El guía y el restante camarada se mantenían  estoicamente erguidos, impacientes a lo que velozmente se acercaba detrás de mí.

Un sonido de agitadísimos jadeos nos alcanzó!!  Miré. La imagen detiene el tiempo, cualquier reloj sucumbe ante ello. Dentro de la profunda oscuridad, se podían distinguir unas figuras negras como siluetas humanas. ¡Eran muchas, incontables y venían hacia nosotros! No pude más. Tuve que correr mientras  orinaba terror… el guía gritó: - ¡¡¡¡¡Idiota, no tomaste el polvo,  morirás cual cobarde eres!!!!!!- Fue lo último que dijo, porque varios monstruos, ya no encontré otro nombre mejor para ellos, lo decapitaron y luego penetraron con sus negras ¿manos? al cuerpo sin vida para hacerlo estallar y rociar de sangre todo alrededor.

Observé al otro compañero que luchaba con su “hacha” e increíblemente mantenía a raya a varios enemigos al mismo tiempo.

¡Entonces me rodearon y atacaron! Abrieron unas heridas longitudinales, de media espalda y la sangre se transmutó en festín. Desesperado, tomé la piedra, que a ser verdad, no servía de nada. ¡Unas garras alimentadas con un aullido  tomaron mi cuello al tiempo que mi mano libre rasgaba el bolsillo para obtener medios de defensa! Saqué el polvo blanco en el instante justo en el cuello comenzaba a abrirse sin delicadeza.

En fracciones de segundo lo dirigí hacia donde supuestamente se encontraría la cabeza del atacante y lo lancé. El efecto fue increíble: ¡El ser me soltó y comenzó a retorcerse, mientras expelía espeluznantes ruidos! Los demás oscuros detuvieron su ataque y dejaron en paz al compañero de pesadillas, quien miró asombrado.

El asqueroso ente despidió pequeños rayos de luz que evolucionaron en una espiral de luces y eso impactó a los oscuros, retrocedieron, quisieron fugarse, para finalmente caer atrapados en el absorbente remolino.

Un sonido infernal saturó mis oídos, el remolino tomó forma de bulto, cayó y comenzó a apagarse. El Camarada se acercó y ambos vimos extasiados el fin de los demonios y de la pesadilla.

No hay fin para el mal.

Al extinguirse las llamaradas de luz un muy familiar cuerpo yacía en el suelo. Nos acercarnos, tomamos unos palos y comenzamos a golpearlo salvajemente hasta que muriese. Al no responder, lo abandonamos y huimos juntos sin rumbo fijo.

Al día siguiente, descansando de todo lo vivido fuimos despertados por un forastero. Presumía heridas por todo el cuerpo, llevaba un pañuelo que ocultaba la mitad de la cara y cubría la cabeza con un ancho sombrero.

Su voz fue extrañamente familiar, muy familiar: -Han pasado un mal momento. Yo también. Nacer materialmente fue doloroso, aún así, se los agradezco. Ha sido una experiencia increíble. - Se quitó el pañuelo y el sombrero, provocando un ininterrumpido alarido de mi compañero. - ¿ Me reconoces, hijo de puta? -

Sentí que enloquecía completamente. El otro emprendió la huida, dejándome a merced de ese hombre, quien dolorosamente era yo.

-Represento todos tus miedos, tus oscuridades internas, con las que has luchado estos últimos días. Fuiste un guerrero ejemplar, casi nos venciste. Afortunadamente descubriste la forma de materializarnos. -Crees que existe un dios bueno y uno malo. Eso es un cuento. El verdadero mal está dentro de cada ser humano. Es parte de tu naturaleza. La hechicería a la que te has expuesto con todo eso del silencio, de los pies descalzos, de la peregrinación, era para prepararte a entrar al pueblo de los brujos y convertirte en uno de ellos.  Con el fin de conseguirlo, debías enfrentar a tus seres internos y vencerlos. En tu misión contabas con un ayudante: el polvo blanco. Ese preparado te daba fuerza y visión,  increíblemente nos ofrendaste y la legión se unificó en este cuerpo. Has dado forma a tu mal. Te lo agradezco, ahora podré vivir entre ustedes y hacer el mal a su mejor estilo.-

Yo lloraba, imaginando lo que pasaría, cuando el “yo” expresó: -Te dejaré vivir para que sufras infinitamente mi vida. Mi vida es la tuya y si llegaras a sucumbir, yo no. No te preocupes por tu amigo, él ya murió.- Y dentro de mi mente, surgió la imagen de cómo el compañero de penurias se suicidaba enterrando una zarza en el corazón.

-Ahora vamos al pueblo aprendamos todo lo necesario de esos chamanes para incrementar nuestro poder.- Entonces  tomó de la mano y nos fusionamos en un solo ser.

 

Desde entonces cuando duermo sueño que  me persiguen ángeles, y cuando estoy despierto me dedico a matar.

Crónicas malditas II arrastrados por el mal.

Crónicas malditas II arrastrados por el mal.

¿Preguntas?

Llevamos caminando seis horas en las que cualquier pregunta sale sobrando. Nadie ha dicho nada, ni un quejido, ni un sollozo. Sólo quedamos 13 y no presentamos nuestras fachas dominicales, es decir, a unos les falta un dedo, a otros una oreja, otros más tienen heridas inolvidables para cualquier párvulo, sobre todo algo que tenemos en común es la locura de seguir este camino y el eco del silencio..

Al pasar las horas de canícula nos detuvimos en un arroyo, limpiamos heridas y raspamos almas.  La cabeza  daba vueltas por el sol, por las heridas en la boca…

El guía se acercó y dijo: -La noche anterior fue dura para muchos,  no debemos claudicar en nuestra tarea… llegaremos a nuestro punto y cumpliremos lo ya escrito.- Al mirarlo supe  que presumía una mitad de oreja izquierda,  sin inmutarse por nimiedades. En ese momento, sentí que la furia  posesionaba mi raído cuerpo como nunca antes lo hubiera experimentado y quise reclamarle por los desaparecidos, por mi lengua, acerca del asqueroso ojo que se había pringado en mi mano y especialmente del  polvo blanco que  me habían dado.

Como un adivino, miró a mis ojos y pausadamente soltó: -Siento tu odio, y leo en tu esquiva mirada guardadas inquietudes. Este balanceo entre dimensiones te servirá para purificarte, para crecer, para reciclar tus temores, para ser grande. Tal vez no lo termines,  y si lo lograses, serás recordado por ello.- Una extraña calma rodeó el ambiente, decidí dejar las inquietudes para después. Total, además, lo único que de mí surgía era una emisión  de gruñidos cual famélica bestia. Caminamos entonces hasta que el horizonte se desdibujó de tinto. Después de los sucesos experimentados, mi instinto de conservación agudizó mis sentidos, busqué y preparé secretamente una arma, una afilada piedra que recogí durante el tiempo en que bebíamos agua…ésa sería usada para defender mi vida, y ya sabiendo de antemano que la huida era imposible, no me quedaba otro modo de proceder.

 

Al detenernos, los supervivientes ofrecieron agua y más carne, que estaba fresca, a pesar de que no habíamos cazado nada. Como pude, mastiqué  esa novedosa carne y bebí hasta refrescar mi cuerpo. Ya para entonces el sol había causado los pertinentes estragos por que se presentaban como menú de quemaduras en la cara y, encima de eso, la deplorable situación de los pies causaba lástima.

Cuando  ofrecieron los polvos negué tomarlos. Los compañeros insistían a señas,  solamente que yo no  iba a drogarme en espera de que alguno de ellos nos terminara de matar. Entonces, el guía, molesto, sentenció con una voz fuerte  - Me has obligado a hablar cuando no debía, y eso lo pagarás a su debido tiempo. Veo que aún no comprendes la importancia de esto. Crees que vives en un mundo donde tus sentidos y juicios son la base de la realidad,  andas mal, como todos los incautos. Ese polvo contiene una sustancia que te protegerá de las fuerzas que nos han estado atacando cada noche. Te producirá un sueño al que debes de seguir, porque es lo que realmente está sucediendo, aunque creas que son solamente alucinaciones. Este aliciente ha sido preparado por un hombre, llamado El Señor de los Espíritus, bajo ciertas circunstancias y con las bendiciones correspondientes. No te puedo decir más por ahora, a tu tiempo te darás cuenta de las cosas,  y entonces pagarás por haberme obligado a hablar. Es importante que lo tomes, porque así todos nos podremos ayudar en nuestra misión.-

Doblé la cabeza para observar a mis compañeros y vi que, humildemente, escuchaban sus palabras. No sabía qué pensar. Con tan sólo 17 años, yo era el más joven de ese grupo de lisiados y temí ser engañado.  Giré la la cabeza en negación.

El guía, dio una vuelta y  dio la espalda. Pronunció algo ininteligible y fui tomado de los brazos por varios, y lentamente una mano intentaba abrir mi boca. El guía gritó: -¡De prisa que no queda mucho tiempo, ya es hora de que aparezcan!-

Uno de los hombres mostró un oxidado, sucio y desgarrador cuchillo, sonriendo glamorosamente dentro de su podredumbre, lo acercó hacia mi ojo izquierdo. Comprendí que estaba realmente perdido. Abrí la boca para gritar y en ese microsegundo fue llenada  del salado polvo hasta mi garganta. Caí al suelo envuelto entre las nieblas de un revaluado sopor, escuchando cómo uno de los tipos saboreaba su último dolor al  expulsar sangre y  baba verde por la boca…

Las sombras dentro de las sombras.

Al recobrar la visibilidad el guía frotaba ramas de árboles hasta convertirlas en filosísimas hachas, que rápidamente pasó a una horda de bizarros seres, quienes haciendo uso de movimientos ágiles las tomaron y se prepararon para entrar en batalla. Miré a mi derecha y  una carroza con tres caballos estaba preparada. Decidí huir en ella lo antes posible, alejarme de esas criaturas enloquecidas,  cuando una disonante vibración comenzó a retumbar metros atrás. Asustado, miré hacia allí y no pude más que gritar como un cerdo cuasi degollado. Cerré los ojos y  me arrastré como alada serpiente hacia el carruaje, escuchando gritar a los seres detrás de mí… Encontré una de las hachas, la tomé con una mano, puesto que con la otra sostenía la piedra que era totalmente un juguete comparado con el horror de ese momento. ¡Súbitamente, las hierbas se tornaron en zarzas hirientes que rasguñaban todo el cuerpo! El dolor de la boca, los pies sangrantes, las espinas que navegaban por el cuerpo, no bastaban para que la droga  me durmiese. ¡Sentí que se arrancaban los cabellos e instintivamente dirigí el hacha hacia donde creí que podría encontrarse el enemigo! Nada. Traté otra vez mientras las lágrimas  impedían respirar y tuve suerte. ¡Mucha suerte! El hacha golpeó a lo que  atacaba y le entró hasta que sentí partir un hueso (nunca supe cuál, porque ignoro anatomía de alucinaciones). Al sentirme libre, alcancé la carroza, subí en ella y al hacerlo, los dedos de mi pie izquierdo estaban colgando del empeine. Con el desmayo cerca, los reuní de nuevo con un trozo de tela de  camisa,  para inmediatamente azuzar a las bestias para emprender la huida….

Sólo tres para todo el infierno.

Supe que estaba cerca el lugar a donde nos dirigíamos. A estas alturas nadie podría negar que esos tres harapientos poseían una facha horrible: mutilados, apestosos, con la ropa hecha pedazos y la mirada distante.

Se detuvieron a beber agua y el guía comenzó a hablarnos:  -Ustedes son los únicos que quedan. Sólo nos resta una noche más para terminar esto. Se estarán preguntando algunas cosas, así que es importante compartir más de lo que sucede-.

-Están descalzos porque así tienen contacto con la madre tierra, un beneficio dadas las circunstancias. Ahora, el silencio es necesario porque las palabras limitan el flujo del hechizo y su fina consecución. Sólo a mí está permitido el habla, así que ya saben  Por ello les cortamos la lengua, porque si pasaban su primera noche pudiendo gritar, el fin nos habría cubierto con su manto. No se  agobien, al término de esto, si todo sale bien, volverán a hablar, aunque cabe aclarar que no del modo en que estaban acostumbrados.-¿Entonces, qué es lo que buscamos? Al pueblo detrás de la montaña, habitado por brujos desde tiempos muy atrás. Ellos nos recibirán y curarán nuestras heridas. Ahí estaremos bastante tiempo, siguiendo sus instrucciones…

-Todo el que quiera llegar al pueblo debe luchar consigo mismo. Es lo que han vivido estos días. Al principio comenzamos las jornadas 101 peregrinos,  hoy por hoy, quedamos nosotros tres. La mayor parte de los que han sucumbido se han liberado de sus legiones, lograron pasar el umbral de la muerte sabiendo quiénes eran. El polvo mágico les abrió la percepción a otros lugares, desconocidos por los hombres,  muy familiares para nosotros.- El guía se volvió hacia mí y  soltó con seriedad: -Lo que hemos comido fue carne de caballo. De tu caballo. No teníamos nada más y no tenemos nada para hoy.- Luego, sacó intempestivamente una tiza de carbón y  vociferó: -¡Muestra el pecho! ¡Para esta noche recibirás lo más importante que puedas tener en la vida y necesitarás presumir el símbolo del Señor de los Espíritus!

Dudé un instante, antes de  ceder a sus peticiones. Para ese momento, ya no sabía mucho de mí. Tanto dolor, la falta de descanso, los efectos de la droga, el sol hiriente, los pensamientos repetitivos de abandonado hogar, de las carnicería pasadas y el miedo creciente,  impedían dar cuenta de lo dura que era la situación. El guía trazó unos símbolos extraños que sólo el cancerbero del purgatorio pudo haberlos imaginado. No pude más que esbozar una leve mueca cuando terminó su trabajo.

-Terminemos nuestro camino- expresó- recuerden que pase lo que pase- sonrió mostrando los dientes deformes, apestosos y sucios -la verdadera batalla es contra ustedes mismos.-

Crónicas malditas. El senor de los espíritus I

Crónicas malditas. El senor de los espíritus I

Los peregrinos.

 

Ojo, Se suele decir que el párrafo inicial de una novela es crucial para engatusar lectores.

 

Recuerdo vagamente lo que sucedió, cómo sigo aquí, dificultosamente respirando, desnudo, con ese tatuaje en el pecho… Resulta interesante cómo las personas no nos damos cuenta de que caminamos entre resquicios de planos diferentes, bifurcados todos y simultáneos a locura.

 

Si nadie se entera de lo que he vivido, no podré dejar algo para este mundo.

Todo comenzó un día común y corriente, sol abrasante, sin nubes en el cielo, viento cálido. En esta parte del mundo los bosques limitan en desiertos,  así como las fronteras del saber se entrecruzan con desvaríos neuronales. Cabalgo en busca de una señal que guie mí camino, una brújula existencial, y es que desde que  escapé de casa, he recorrido mundos en busca de algo que defina mi paso terrenal. Adelante, a lo lejos, diviso una peregrinación de hombres, que por su campaneante  andar, se apreciaba claramente que eran fuera de este mundo.

Al acercar el trote observé su devoción a la tierra ofreciendo sus plantas descalzas, lo que fue un indicio de que había dado con algo desesperado,  unos personajes que despreciando   el abrasador calor, dirigían sus escuetos cuerpos hacia lo superior. Aupé de la montura y pregunté al más cercano: -¿A dónde se dirige, buen hombre? -Con una mirada profunda,  distante, sólo negó con la cabeza y continuó caminando.  Me sentí como un idiota al no recibir respuesta,  necio como soy,  acerqué de nueva cuenta y le volví a cuestionar: -¿A dónde van?-

De repente sentí algo húmedo escurrirse por mi frente: el muy cerdo me había escupido. Enfurecido, intenté golpearlo y tan solo levanté el brazo cuando ya los demás miembros de la procesión  tomaron mi brazo y detuvieron mi golpe sin decir palabra alguna. De entre la mitad de la procesión surgió quien sería el líder, e hizo señas para que  soltaran, luego, con un ademán  llamó y me apartó del grupo de peregrinos para decir: -En esta procesión sólo yo puedo hablar. Nos dirigimos hacia nuestro destino. Únete a nosotros.-

-¿Cuál es su destino?- pregunté sorprendido -¿Llegar a un templo y rendirle tributo a Dios?- Con una sonrisa enigmática y pesando las palabras, contestó: -Algo más que eso, vamos con el mismo Dios, no preguntes más, el camino es largo y necesitarás tu saliva, así que si vuelves a hablar- enfatizó con voz lúgubre -no llegarás al final.-

Miles de ideas recorrieron mi mente en ese instante. Algo sonaba mal y era tan irresistiblemente atrayente, que no podía negar, como si una fuerza seductora  hiciera rendir… ¿y si era algo maligno? No importaba, hacía tiempo que vivía alejado de Dios. Así que si era para acercarme a él o no, poco importaba. La aventura se presentaba interesante, ya que ofrecía un plus de lo que en la vida había conocido.

Asentí con la cabeza, tratando de ocultar los pensamientos que retumbaban en ese silencio,  parecía como si los 21 peregrinos conocieran perfectamente lo que yo sentía. De inmediato descalcé mis pies e inicié la marcha. Comencé a observar a cada uno de mis nuevos acompañantes, todos tenían una facha extraña  que los hacía distinguibles unos de otros.  Unos, una barba rala; otros, el pelo largo; unos más, las uñas afiladas; otros, los dientes deformes. Eso sí, tenían algo en común: un extraño dibujo, tal vez tatuaje, no sé… Unos lo llevaban en el cuello, otros en el reverso de la mano.

La mente comenzó a divagar mientras los  pies saboreaban los lengüetazos de fuego cada vez que daba un paso: ¿Y si son de una secta que adora al oscuro?, No, no creo, tal vez son de una secta cristiana que le gusta el dolor para llegar a Dios… ¿ Y el silencio?… ¿Cómo lo soportan? Habían pasado escasos minutos y yo ya quería hablar…

Además el recorrido por el que andábamos en plena sierra dio inicio al desierto, paraíso de  de animales peligrosos, justo para templar el alma de quien buscase dolor.

 

Al cabo de unas horas nos detuvimos y gimoteaba por el ardor en los pies, poblados de  ampollas sangrantes,  y me asombré por mis compañeros que ignoraban con gran fortaleza ese detalle.

 

Pasado un tiempo, de entre sus ropas extrajeron un bolso, que contenía un frasco con agua, carne seca y unos polvos extraños.

Pasaron primero el agua, de la que bebí poco, porque pronto  arrebataron la garrafa. Luego, siguió un trozo de carne, que olía algo mal. Con cierto asco, engullí el pedazo y tosí como si tuviera un pedazo de suela de zapato atorado en mi garganta. Finalmente tocó el turno a  los polvos, el más viejo hizo señas de que los pusiera debajo de mi lengua. Obedecí, cosa que no debí haber hecho, porque inmediatamente,  adormecí.

Sangre en el cielo.

Comencé a conducir un tenebroso carruaje tirado por bestias, acompañado de unos seres extraños armando mucho alboroto. Los muy cabrones vomitaban constantemente un líquido azul que se evaporaba y se iba al cielo tornándolo naranja… Les ordené que no lo hicieran más y solo recibí burlas y desprecio. Algo atronador sonó detrás del carruaje, por lo que de reojo turné la mirada  y sentí morir.

La palabra del dolor.

Los extraños colegas fueron presas del terror, tuve que azuzar a los equinos y con fuerza jalaba las riendas a más no poder, cuando  me di cuenta de que la lengua estaba muerta, comenzando a podrirse. Atrás, aquello se acercaba más y más…Sudando, desperté del ¿sueño? y todo estaba oscuro… Miré alrededor y  estaba solo.  Enfurecí pensando en que aquellos tipos  habían drogado y abandonado a mi suerte. Al intentar gritar  la peor de las pesadillas era realidad, la lengua no estaba en su sitio. ¿Dónde? Quise moverla y no sentí nada, por lo que desesperado, la busqué con mis dedos sin respuesta. Entonces y solo entonces, emití un gutural aullido, de esos, sí, de esos, de personas maniatadas en hospitales mentales y el eco  devolvió cual espejismo lo mismo…

Recordé mi  montura, la busqué por todos lados, bajé por unos peñascos oscuros y  tropecé. Rodé varias veces hasta que  detuve con la saliente de un precipicio. En ese instante, quería  matar a esos desgraciados que  habían dejado mi boca muda por siempre.

 

Los restos de la compañía.

 

Como pude, logré subir hacia el lugar donde había despertado… horrorizado,  encontré  una escena que se abrasó con ígnea magma en mi inconsciente: pedazos, pedazos, miles de pedazos rojos, goteantes, carne, carne roja sembrada alrededor mío; como si alguien hubiera molino cien vacas enteras en unos cuantos nanosegundos. Enfocando mi temblorosa visión, apareció entre dos piedras una mano arrancada de su común ubicación, los dedos presumían aún un anillo en el dedo anular. El dolor de la extirpación y el sabor a sangre  impedían razonar, dar sentido y buscar una respuesta a esos bizarros y escabrosos momentos. Recargué la mano izquierda sobre una piedra para sostener mi atormentada alma, todo daba vueltas y al hacerlo, sentí un crujido seguido de un líquido tibio deslizándose entre los dedos. Acababa de aplastar un ojo. No pude más y febrilmente me desbarranqué entre las rocas.

Puertas

Puertas

Ventanas, puertas, accesos, llaves, candados, cámaras secretas, reflejos, códigos, passwords, Eingang, Ausgang, vía láctea, encrucijada, destello, catalejo, teclados, cámaras ocultas, clave de sol, cajas de pandora, ciberespacio, agujeros de gusano, conectores neuronales, túneles ferroviarios, cajones, cofres, hornos, thermos, conexiones, DNA, pasajes, fugas de Bach, cafeteras, REM, pipas, cohetes, mates, USB, microscopios, códices, despertador....sí, despertador...ese, ese es, ese es el invento mas tenebroso, el asesino de los sonadores. Así de simple.

Cartas Náuticas II. Finisterra I.

Cartas Náuticas II. Finisterra I.

Cuando el café derramado escaldó el brazo de Mer, el mexicano estaba absorto mirando las olas que enigmáticamente dieron un giro inusual a la travesía, la cual comenzó a pendular estrepitósamente entre un paseo lanchero a una amenaza de naufragio, incluidas, claro, las ininteligibles maldiciones en holandés. El grupo de dicharacheros turistas argentinos calló súbitamente, agarrándose de donde pudieron. Brian, un americano con gorro peruano y con incontenibles síntomas de mareo, ayudó a Mer, quien seguía lanzando improperios a diestra y siniestra.

-El mar está picado! Che, tené cuidado!- Fueron las advertencias del capitán, quién seguía discutiendo que en éstas épocas otonales las ráfagas de gélido viento antártico llegan así de imprevisibles, dotando al mar de ese temido poder, que durante siglos, ha barrido con cuanta embarcación le apeteció.

Desde la proa se tiene una vista espectacular de Tierra del Fuego, las montanas nevadas, las nubes que oscurecen el paisaje y conspiran con la latitud de este rincón planetario para ensombrecer el viaje. Julio Verne describió en una de sus proféticas novelas al faro del fin del mundo, ubicado en los confines de la tierra, el cual ha sido confundido varias veces con aquél conocido como Les Eclaireus, que tristemente ha prevenido menos naufragios de los que en realidad se han dado cita en el peligroso, frío y espectacular canal Beagle, jordánicamente llamado así en memoria de una curiosa circunavegación que duró veinte anos por parte de un gran explorador, escritor y biólogo cuyo barco presumía precisamente ese nombre.

Tan solo a 540 millas náuticas de la inhóspita antártida y a cinco grados bajo cero, entre fronteras chilenas y Argentinas, navega el catamarán al lado de leones marinos, esquivando las irregularidades del fondo que en el mejor de los casos se transmutan en islotes y en el peor, en fatales salientes marinas que destrozan suenos, esperanzas, expediciones y recuerdos. 

Al inicio, todo era risas, bromas, incluso cánticos, el plan fue visitar las heladas islas habitadas por lobos marinos, rodear el faro y apreciar unas ruinas, asentamientos prehispánicos de una antigua aldea de habitantes, cuyas fogatas bautizaron a Tierra del fuego.

Los camaradas de viaje seguían azorrillados, aferrándose a donde podían, los balanceos de la nave fueron proporcionales al encrispado mar, una sensación de desamparo se apoderó del ambiente, mientras la guía y el capitán trataban inútilmente de tranquilizar a los pasajeros. Hasta entonces, nadie había emitido sonido alguno, cuando surgió la propuesta de detener al navío en la isla grande, para esperar que amaine el temporal. Oídos sordos, la trayectoria continuó sin titubeos hacia el faro. No es casual, que éste estrecho canal de agua, concentre historias de navegantes, aventureros y naufragios.

 

 

Cartas Náuticas II Finisterra II.

Cartas Náuticas II Finisterra II.

Pasando lo peor, los tripulantes se animaron a salir de la cabina y olvidaron los tensos momentos al descubrir a los lobos marinos que acompanaban al navío. El mexicano recordó entonces su suerte en el golfo de Tailandia, aquella ocasión en que junto con el guía y el inglés, se desplazaron en una diminuta embarcación, bajo refrescante lluvia, entre las 41 islas que emergen cuales dientes de dragón.  El tiempo se presenta de forma continua, como si fuese agua que fluye y termina donde mismo. Así se va la vida, como agua que escurre entre piedras del camino de la existencia, y sin embargo, los momentos se sincronizan como si fuese un solo navío, un único mar, una primigenia edad...

En Galicia, Espana, frente a la costa del Atlántico, hay una bota de bronce, grato homenaje a peregrinos del camino de Santiago y al mismo tiempo figura simbólica que rememora a todos aquellos que mucho antes que nosotros, obedeciendo, dando rienda suelta a sus genéticos impulsos exploradores, alcanzaron a ese sitio, se detuvieron, miraron al horizonte y lamentablemente pensaron que ahí terminaba la tierra, se les acabaron las alas en los piés, y se conformaron con saber que empezaba el agua con todo y sus colosales monstruos. Finisterra se llama el sitio, espiritual sinónimo de la población habitada más al sur de nuestro planeta, El Fin del Mundo.

 

 

Cartas Náuticas I. Ang Thong I

Cartas Náuticas I.   Ang Thong I

Sobresalen como dientes de dragón, irregulares y filosas, de entre las turquesinas olas del golfo de Tailandia, islas, muchas islas, antes zona de bucaneros que reposaban sus fechorías y ahora territorio  para aventureros sin remedio, y uno que otro mimado inexperto.

Doce metros de largo constituía la embarcación. Rudimentaria, claro, pobre como sus duenos, frágil, frágil para aguas que ocasionalmente danzan a compases de tsunamis. Tres turistas, dos guías y tres aventureros se dirigen al exuberante y denso grupo de 41 islotes deshabitados. Un día antes, el clima suspiró un leve aliento de monzón y cubrió de lluvia Ko Phan Ngan, Ko Samui y al archipiélago entero, impidiendo cualquier delirio de navegación. Ahora, zarpan infatigables con dirección hacia Ko Wua Talab (isla de la vaca durmiente).

La anterior y soporífera tarde de internet y lluvia, sopa de coco con mariscos y cerveza Shinga, aceleró las expectativas del recorrido. Cuatro aviones, un tren, un elefante, un autobús y un ferri fincaron las piedras de la travesía, sonrosaron a las agujas de la brújula, dislocaron las vértebras de la rutina y me aterrizaron en la lluviosa realidad de la playa al oeste de Ko Phan Ngan, donde me detuve a mojar los pies y refrescar ánimos, mientras enfoco y absorbo la seductora vista hacia el archipiélago. Laten aún en las venas de mi febril cabeza los flashes de aquél frío recorrido, tan distante en tiempo y tan cuánticamente cercano. A estas alturas, se han difuminado las fronteras entre inicio y fin, entre popa y proa, entre a babor y estibor. LPCH me juzga loco, a pesar de que secretamente ella entiende una porción de esto. Está un poco nerviosa por navegar tantas horas y un poco loquita, al aceptar seguir esta ruta en vez del turístico recorrido hacia el puente sobre el río Kwai. Es asombroso cómo ha cambiado de un tiempo para acá, dejó en casa las comodidades de nina de familia y se abrió paso entre murciélagos y aranas gigantes, para hoy por hoy, dedicarse a escalar paredes rocosas, algo que aún no he comenzado siquiera. Casualmente o no, es la companía que más ha viajado a mi lado, aguantando estoicamente o de perdis, juzgándome loco, los naturales momentos de necear y terquear que me nacen, y eso, es de admirarse.

Amanece despejado, viento favorable, todo apunta hacia el archipiélago. El grupo se muestra gustoso, todos quieren acción: mochilas listas, sandalias amarradas, navegantes a la vista!

 

 

 

 

 

Crónica de una semana en Bondi a La Plata

Crónica de una semana en Bondi a La Plata

Ella valió el esfuerzo.

5 PM: duchazo desaletargador, posterior a lecturas germánicas. Davidoff esparcido, pulido dental, bufanda, chamarra y botas para el frío.

5:30 Desciendo las escaleras del hostel, ya fuera, frente a la pizzería y junto a la tienda de ropa nice, sigo por la estrecha Maipú hasta esquina con Corrientes, doblo hacia el Obelisco, gente, mucha gente, -de hecho la esquina de Florida con Corrientes es transitada por 3 millones de personas diariamente- estorba mi paso apresurado hacia Lavalle, donde está el Subte, nombre porteño asignado al metro.

5:42 Impaciente, leo las portadas de las revistas del puesto que por lo que se ve, lleva un par de décadas ofreciendo esparcimiento temporal mientras los vagones llegan. El metro está descuidado, vástago de las recurrentes crisis que el país ha sufrido.

5:45 Subo al atiborrado vagón, cuidando mis pertenencias de gustosas miradas. tres estaciones más y llegamos al corazón de la red de transportes de la capital. Trenes, barcos, autobuses, todos conjugan en la peligrosa zona, cuyos puestos ambulantes, perros callejeros, carteristas y olores fritangueros, evocan rincones oscuros en ciudades de Iberoamérica, Monterrey, Rio de Janeiro...

5:55, Desciendo veloz en última estación Retiro, esquivo multitudes estresadas que retornan a casa, me dirijo hacia la escalera a la derecha que me lleva al parque frente de la estación, acelero mis pasos hacia la parada del Bus, atravieso la congestionada calle y  a lo lejos espera la fila de personas cuyo rumbo comaperten conmigo, La Plata.

6:02 Asiento 22, arranca el Bondi después de desembolsar dos pesos. Vuelvo a pasar por la avenida 9 de julio, lo que me permite redisfrutar de la ciudad, sus edificaciones, su tráfico y contaminación, su decadente belleza... pasamos por el barrio de Boca, cuyo centenario puente metálico permanece inmóvil, oxidado. Pensamientos varios, flashes incólumnes transgreden mi línea mental...¿dónde estoy? ¿a dónde voy? Preguntas fáciles de hacer, difíciles de contestar profundamente. ¿Qué hace a un hombre ir en pos de una dama? No reduzcamos el sentido de esto a las hormanas alborotadas, no, algo más hay en esto, en el viaje hacia ella...Algo más...César, Marco Antonio, Menelao y Paris...ellos ejemplifican mis preguntas, claro, sin respuestas ciertas.

6:25 Algo más hay....inexplicable...

6:26 Enciendo ipod, permito que el camino me hipnotice...los temas brincan de un lado a otro hasta que "La gota fría" inunda y da sentido al recorrido. Pasamos por Avellaneda, Quilmes, seguimos con el rumbo.

7:50 Llegada a la Plata. Frío, qué frío!! Ademas el gripón que traigo me exige que no me quite la bufanda, que tomé prestada de Mer, mi amiga uruguaya. Ya se la devolveré en su tierra.

7:55 Sigo hacia el pasaje, nuestro cómplice de encuentros. El casco, la definición de las calles de La Plata muestran trazos muy peculiares, casi alquímicos. calles rectas, aquí no hay multitudes, solo frío y el sentir provinciano, ineludible para ser capital de la provincia de Buenos Aires. Vista desde arriba, la ciudad y sus plazas forman un rombo dentro de un cuadrado.

8:05 Alcanzo al fin al Dardo Rocha, museo ahora, estación ferroviaria a fines del siglo XIX. Miro la Diagonal, con sus faroles afrancesados en mitad de la misma, un sentir tenuemente parisino aletarga mi espera...retrato la calle para la posteridad.  En el parque, campamento de excombatientes de la infame Guerra de las Malvinas, piden ayuda del gobierno.

8:08 ¿Dónde estás colombianita? es hora de reencontrarnos, como hemos hecho cada día de esta semana de trayectos en subte, autobús y frías caminatas platenses. Veo tu ausencia, sabiendo que llegarás con tu sonrisa oculta por la bufanda café y que resalta el brillo de tus ojos. desde la escalera del edificio te veo doblar la esquina. Vienes, ya estoy aquí. 

1:30 AM Estación de autobuses. Tomo de nueva cuenta el Bondi, la gran Buenos Aires espera a mis huesos, mientras mi corazón se queda en la Plata.

 

 

 

 

 

 

 

Chispear

Chispear

Un ojo me espía.

Tuve una discusión no solo por necear con Dulce. me reclamaba que "chispear" es inaplicable a lloviznar. vale. Un zambullido en el tumbaburros de la Real Academia de la lengua demostró que la primera acepción es precisamente lloviznar, ergo, funciona.

Chaltén, inhóspito Chaltén. Bastó con estirarme hacia atrás en el sillón laboral, distanciar la vista de la pantalla, cerrar los párpados y allá, en la penumbra autoinducida, la montaña me sonrió, con sus agujas tímidamente coloreadas por el espectro del amanecer, ¡Ostras! Saber que que estuve allí y gozar ahora que mi pensamiento, cual alfombra de las mil y una noches, me coloca en el privilegiado ángulo visual para fundir mi invasiva presencia citadina ante colosal encanto.

El día presentó su rostro más agotador. Partimos del caserío Chaltén no sin antes acercarnos al avituallamiento respectivo. Pan recién horneado, calientito, ese olor a cariño, a hogar, llenaba y rodeaba a la escasa clientela, nosotros.

Encaminamos nuestras huellas hacia las alturas, ganando a cada paso originales vistas de los andes, rodeados de un acompañante que nos susurraba al oído el respiro de la naturaleza: el viento.

Su frialdad nos obligó a cubrirnos lo mejor posible, y es que el cuerpo caliente y sudado por el esfuerzo y el clima a menos cero fue una combinación un tanto molesta, parte del voyage obligado que debemos vivir.

Agua, sí, Agua. El agua corriente de esas latitudes es potable, magníficamente potable y deliciosa. Agua cuya genealogía viene de miles de años  de pedigrí, de congelamiento, de gotas que vieron mamuts y Neanderthales corriendo, agua que al deslizarse por la garganta llena mis sentidos y refresca el espíritu. Brian decidió evitar ese goce, desconfianza clara de los primermundistas que ya llevan varios atorones en el camino por envalentonados con la comida.

La vereda nos coquetea, a la derecha la cadena montañosa peinada con nieve, a sus pies, corre el río que ha cobrado vidas de incautos, a la izquierda, siempre asomándose el copete del Chaltén o Fitz Roy, el cual desde su posición domina los doscientos kilómetros hasta Calafate, base operativa de la que partimos de madrugada. Horas, aletargadas horas.

Una amiga me narró las interminables horas de trasladarse en camión de un lado a otro en los confines del cono sur. Pasé por lo mismo, apoltronado en el sillón del Autocar, escuchando a azafato ofrecer juegos de azar a los pasajeros y me decepcioné cuando el premio de un vino mendocino no acabó en mis manos, sino en las de una chica abusada con la lotería.

El viento no susurra, nos canta ahora, nuestras palabras se funden en él y nos devuelve esa soledad que muchos evitan, esa soledad que solo la Patagonia ofrece a sus moradores, además, nos previene de probable llovizna en las alturas.

¡Patagón, vaya historia! Cuenta la leyenda que algún explorador primerizo se encontró una descomunal huella humana y haya sido integrante de Mapuches, Tehuelches, Yamanas, Selk’nam u Onas, por el discreto tamaño de la misma el tipo sucumbió ante sus autóctonos reflejos literarios y llamó ¡Patagón! al humano que osó plasmar la planta de su pie en esas extremas áreas planetarias. Lo demás, es costumbre gentilicia como ya sabemos.

Chispea, ¡en el extremo sur eso sí que cala! miniagujas se clavan en la cara, cual benigna acupuntura que en este sillón me recuerda el seguir vivo, el necear con chispear y a mi amiga en el bus mirando la tundra mientras se dirige al Buenos Aires querido.

Levanto los párpados, la computadora sigue allí, con el excel mostrando sus 64 mil líneas, esperando que me fusione en él. Lo evito. Ese frío arroyo dejó sabor en mis labios, y ahora que salgo de la fábrica, caen unas pocas gotas intermitentes sobre mi rostro. Sonrío, chispea.