Lo más atractivo del abismo
Un incorregible escalador de montanas cuyos dotados pulmones respiran aire desoxigenado a los 3500 metros de altura donde reside, explicaba en una plática los retos e inconveniencias de dedicar la vida al deporte de locos y vagos, aclarando el término vagancia como la acción de viajar a las montanas.
El abismo siempre acompana al escalador. Siempre, dejando solo dos opciones: vida y éxito y muerte con fracaso. Todo error, por milimétrico que sea, cualquier desconcentración, termina sin más remedio que en el final. Así es la montana, así el ánimo de alcanzar la cima.
En el día a día el abismo está presente, aunque le ignoremos rotundamente. Ahí, agazapado, fuera del área de visión, se transmuta y se lame los bigotes en espera de la caída, del abrazo infinito hacia él. Normalmente lo ignoramos porque si ya de por si la vida tiene bastante en que ocuparnos, ir por las calles paranoicamente cediendo terreno al abismo, pues desembocaría en una nada llevadera existencia. Tendemos a mirar a otro lado, donde las chicas sonríen, donde los pájaros trinan temprano, donde las fuentes derraman chocolate, donde estamos en primera fila del concierto, donde la maestra nos pone la estrellita en la frente por nuestra excelencia académica. Y al cabo de los días, anos, adormecidos nuestros sentidos, embriagados, nuestros suenos, nos damos cuenta de reojo que ahí está, sí, el abismo, a un paso, cerquitita, seduciéndonos, hablando al oído.
Ya en el fondo, habiendo gentilmente cedido sin darnos cuenta, comienza la desorientación, la falta de aire, la sobrexplotación de las pasiones, la destrucción de los palacios de los suenos, nos saturamos de venenos, culpamos a los otros, dejamos de escuchar....
A diferencia de la montana, aquí si hay camino de retorno y ya retomándolo, desandamos equivocadas vías que creímos ciertas, latentes, palpitantes. Eso sí, el trance aporta experiencia y complementa la existencia humana.
Lo más atractivo no fue evitarlo, ni caer, ni residir en él, ni salir a flote, ni alejarse. NO. Lo más atractivo, queridos lectores, lo que realmente hace atractivo al abismo, es el abismo mismo.
Un par de meses después de escuchar la charla sobre alpinismo, surgió la noticia mundial de que algunos de los amigos del conferencista que conocí en aquella ocasión, desaparecieron en el Himalaya. El abismo cumplió con lo suyo, ellos, simplemente, fueron tragados, forever.
0 comentarios