¿Preguntas?
Llevamos caminando seis horas en las que cualquier pregunta sale sobrando. Nadie ha dicho nada, ni un quejido, ni un sollozo. Sólo quedamos 13 y no presentamos nuestras fachas dominicales, es decir, a unos les falta un dedo, a otros una oreja, otros más tienen heridas inolvidables para cualquier párvulo, sobre todo algo que tenemos en común es la locura de seguir este camino y el eco del silencio..
Al pasar las horas de canícula nos detuvimos en un arroyo, limpiamos heridas y raspamos almas. La cabeza daba vueltas por el sol, por las heridas en la boca…
El guía se acercó y dijo: -La noche anterior fue dura para muchos, no debemos claudicar en nuestra tarea… llegaremos a nuestro punto y cumpliremos lo ya escrito.- Al mirarlo supe que presumía una mitad de oreja izquierda, sin inmutarse por nimiedades. En ese momento, sentí que la furia posesionaba mi raído cuerpo como nunca antes lo hubiera experimentado y quise reclamarle por los desaparecidos, por mi lengua, acerca del asqueroso ojo que se había pringado en mi mano y especialmente del polvo blanco que me habían dado.
Como un adivino, miró a mis ojos y pausadamente soltó: -Siento tu odio, y leo en tu esquiva mirada guardadas inquietudes. Este balanceo entre dimensiones te servirá para purificarte, para crecer, para reciclar tus temores, para ser grande. Tal vez no lo termines, y si lo lograses, serás recordado por ello.- Una extraña calma rodeó el ambiente, decidí dejar las inquietudes para después. Total, además, lo único que de mí surgía era una emisión de gruñidos cual famélica bestia. Caminamos entonces hasta que el horizonte se desdibujó de tinto. Después de los sucesos experimentados, mi instinto de conservación agudizó mis sentidos, busqué y preparé secretamente una arma, una afilada piedra que recogí durante el tiempo en que bebíamos agua…ésa sería usada para defender mi vida, y ya sabiendo de antemano que la huida era imposible, no me quedaba otro modo de proceder.
Al detenernos, los supervivientes ofrecieron agua y más carne, que estaba fresca, a pesar de que no habíamos cazado nada. Como pude, mastiqué esa novedosa carne y bebí hasta refrescar mi cuerpo. Ya para entonces el sol había causado los pertinentes estragos por que se presentaban como menú de quemaduras en la cara y, encima de eso, la deplorable situación de los pies causaba lástima.
Cuando ofrecieron los polvos negué tomarlos. Los compañeros insistían a señas, solamente que yo no iba a drogarme en espera de que alguno de ellos nos terminara de matar. Entonces, el guía, molesto, sentenció con una voz fuerte - Me has obligado a hablar cuando no debía, y eso lo pagarás a su debido tiempo. Veo que aún no comprendes la importancia de esto. Crees que vives en un mundo donde tus sentidos y juicios son la base de la realidad, andas mal, como todos los incautos. Ese polvo contiene una sustancia que te protegerá de las fuerzas que nos han estado atacando cada noche. Te producirá un sueño al que debes de seguir, porque es lo que realmente está sucediendo, aunque creas que son solamente alucinaciones. Este aliciente ha sido preparado por un hombre, llamado El Señor de los Espíritus, bajo ciertas circunstancias y con las bendiciones correspondientes. No te puedo decir más por ahora, a tu tiempo te darás cuenta de las cosas, y entonces pagarás por haberme obligado a hablar. Es importante que lo tomes, porque así todos nos podremos ayudar en nuestra misión.-
Doblé la cabeza para observar a mis compañeros y vi que, humildemente, escuchaban sus palabras. No sabía qué pensar. Con tan sólo 17 años, yo era el más joven de ese grupo de lisiados y temí ser engañado. Giré la la cabeza en negación.
El guía, dio una vuelta y dio la espalda. Pronunció algo ininteligible y fui tomado de los brazos por varios, y lentamente una mano intentaba abrir mi boca. El guía gritó: -¡De prisa que no queda mucho tiempo, ya es hora de que aparezcan!-
Uno de los hombres mostró un oxidado, sucio y desgarrador cuchillo, sonriendo glamorosamente dentro de su podredumbre, lo acercó hacia mi ojo izquierdo. Comprendí que estaba realmente perdido. Abrí la boca para gritar y en ese microsegundo fue llenada del salado polvo hasta mi garganta. Caí al suelo envuelto entre las nieblas de un revaluado sopor, escuchando cómo uno de los tipos saboreaba su último dolor al expulsar sangre y baba verde por la boca…
Las sombras dentro de las sombras.
Al recobrar la visibilidad el guía frotaba ramas de árboles hasta convertirlas en filosísimas hachas, que rápidamente pasó a una horda de bizarros seres, quienes haciendo uso de movimientos ágiles las tomaron y se prepararon para entrar en batalla. Miré a mi derecha y una carroza con tres caballos estaba preparada. Decidí huir en ella lo antes posible, alejarme de esas criaturas enloquecidas, cuando una disonante vibración comenzó a retumbar metros atrás. Asustado, miré hacia allí y no pude más que gritar como un cerdo cuasi degollado. Cerré los ojos y me arrastré como alada serpiente hacia el carruaje, escuchando gritar a los seres detrás de mí… Encontré una de las hachas, la tomé con una mano, puesto que con la otra sostenía la piedra que era totalmente un juguete comparado con el horror de ese momento. ¡Súbitamente, las hierbas se tornaron en zarzas hirientes que rasguñaban todo el cuerpo! El dolor de la boca, los pies sangrantes, las espinas que navegaban por el cuerpo, no bastaban para que la droga me durmiese. ¡Sentí que se arrancaban los cabellos e instintivamente dirigí el hacha hacia donde creí que podría encontrarse el enemigo! Nada. Traté otra vez mientras las lágrimas impedían respirar y tuve suerte. ¡Mucha suerte! El hacha golpeó a lo que atacaba y le entró hasta que sentí partir un hueso (nunca supe cuál, porque ignoro anatomía de alucinaciones). Al sentirme libre, alcancé la carroza, subí en ella y al hacerlo, los dedos de mi pie izquierdo estaban colgando del empeine. Con el desmayo cerca, los reuní de nuevo con un trozo de tela de camisa, para inmediatamente azuzar a las bestias para emprender la huida….
Sólo tres para todo el infierno.
Supe que estaba cerca el lugar a donde nos dirigíamos. A estas alturas nadie podría negar que esos tres harapientos poseían una facha horrible: mutilados, apestosos, con la ropa hecha pedazos y la mirada distante.
Se detuvieron a beber agua y el guía comenzó a hablarnos: -Ustedes son los únicos que quedan. Sólo nos resta una noche más para terminar esto. Se estarán preguntando algunas cosas, así que es importante compartir más de lo que sucede-.
-Están descalzos porque así tienen contacto con la madre tierra, un beneficio dadas las circunstancias. Ahora, el silencio es necesario porque las palabras limitan el flujo del hechizo y su fina consecución. Sólo a mí está permitido el habla, así que ya saben Por ello les cortamos la lengua, porque si pasaban su primera noche pudiendo gritar, el fin nos habría cubierto con su manto. No se agobien, al término de esto, si todo sale bien, volverán a hablar, aunque cabe aclarar que no del modo en que estaban acostumbrados.-¿Entonces, qué es lo que buscamos? Al pueblo detrás de la montaña, habitado por brujos desde tiempos muy atrás. Ellos nos recibirán y curarán nuestras heridas. Ahí estaremos bastante tiempo, siguiendo sus instrucciones…
-Todo el que quiera llegar al pueblo debe luchar consigo mismo. Es lo que han vivido estos días. Al principio comenzamos las jornadas 101 peregrinos, hoy por hoy, quedamos nosotros tres. La mayor parte de los que han sucumbido se han liberado de sus legiones, lograron pasar el umbral de la muerte sabiendo quiénes eran. El polvo mágico les abrió la percepción a otros lugares, desconocidos por los hombres, muy familiares para nosotros.- El guía se volvió hacia mí y soltó con seriedad: -Lo que hemos comido fue carne de caballo. De tu caballo. No teníamos nada más y no tenemos nada para hoy.- Luego, sacó intempestivamente una tiza de carbón y vociferó: -¡Muestra el pecho! ¡Para esta noche recibirás lo más importante que puedas tener en la vida y necesitarás presumir el símbolo del Señor de los Espíritus!
Dudé un instante, antes de ceder a sus peticiones. Para ese momento, ya no sabía mucho de mí. Tanto dolor, la falta de descanso, los efectos de la droga, el sol hiriente, los pensamientos repetitivos de abandonado hogar, de las carnicería pasadas y el miedo creciente, impedían dar cuenta de lo dura que era la situación. El guía trazó unos símbolos extraños que sólo el cancerbero del purgatorio pudo haberlos imaginado. No pude más que esbozar una leve mueca cuando terminó su trabajo.
-Terminemos nuestro camino- expresó- recuerden que pase lo que pase- sonrió mostrando los dientes deformes, apestosos y sucios -la verdadera batalla es contra ustedes mismos.-