De pandemias y otras pequeneces...
Nublado, a pesar de la temporada, el calor no arrecia, quizás tiene miedo también. Calles semivacías, cual periodo estival, la metrópoli se esconde, respira bajo mascarilla, se agazapa.
Pasé a comer unos taquitos al papalote, los meseros me reciben con la boca cubierta, mesas solas, les alegra recibir al comensal del día. Ya por la tarde, visito un café, solo, triste, abandonado por su característica de atraer gentíos, tumultos, antes ventaja, hoy irónicamente, un respiro.
Los nómadas hemos contribuido sin que sea nuestro objetivo a transportar plagas, lo admito, desde aquellos que peregrinaron por Europa cargando peste hasta los conquistadores que repartieron sin ton ni son viruela en América, siempre se da el caso de una población que recibe su dosis de veneno por parte de otros gozan de resistencia a la misma.
Las medidas tomadas para evitar contagios masivos permiten a las almas peregrinas pasear libremente, quizás no inmunes al virus, pero sí libres e inmunes al miedo repartido por los medios, los gobiernos, la sociedad.
Queridos lectores, permanezcan en sus casas esta larga semana de cuarentena, otros nos ocuparemos de las revelaciones.
2 comentarios
Dunkelseele -
Un abrazo.
maría -
querido amigo, un bálsamo tus palabras, espero que la continuidad de la amistad...