Crónicas malditas III. El espejo.
Vagos momentos en el infierno.
Al sucumbir el resto del atardecer, el asombró creció al ver cómo las nubes se deslizaban rápidamente, como nunca antes nadie las había visto hacerlo. La tristeza se apoderó de mí. Supe que el fin estaba cerca. Eché una mirada alrededor y vi el paisaje repleto de zarzas, con renovadas espinas sedientas de trémulos pellejos, bastante hostiles. Los dedos de mi pie cantaban a mi sistema nervioso el mismo estribillo de dolor; ignorando esto, arrastraba el pie pensando cómo huir. Era imposible. Enfrentar a eso que hasta entonces, se mantenía indescriptible.
El guía ofreció más polvo blanco, el cual acepté sin chistar, y en un instante preferí ocurrió guardarlo, fingiendo comerlo. Lo puse dentro del pedazo de ropa que alguna vez fue pantalón. La oscuridad rodeó todo. Mis dientes desobedecieron y rechinaron.
Las sombras del verdadero mal.
Nos detuvimos para que el guía tomara unos palos, los frotara y nos los devolviera igual como estaban. Así, supe la verdad: ¡Nunca había tenido poderes especiales! Nuestras alucinaciones nos habían hecho pensar que fabricaba hachas. Comencé a llorar discretamente por la desgarrante verdad.
Un ruido retumbó tras de nosotros. No quise mirar, porque sabía que sin los polvos, toda la crudeza de la realidad sería ya una certeza. El guía y el restante camarada se mantenían estoicamente erguidos, impacientes a lo que velozmente se acercaba detrás de mí.
Un sonido de agitadísimos jadeos nos alcanzó!! Miré. La imagen detiene el tiempo, cualquier reloj sucumbe ante ello. Dentro de la profunda oscuridad, se podían distinguir unas figuras negras como siluetas humanas. ¡Eran muchas, incontables y venían hacia nosotros! No pude más. Tuve que correr mientras orinaba terror… el guía gritó: - ¡¡¡¡¡Idiota, no tomaste el polvo, morirás cual cobarde eres!!!!!!- Fue lo último que dijo, porque varios monstruos, ya no encontré otro nombre mejor para ellos, lo decapitaron y luego penetraron con sus negras ¿manos? al cuerpo sin vida para hacerlo estallar y rociar de sangre todo alrededor.
Observé al otro compañero que luchaba con su “hacha” e increíblemente mantenía a raya a varios enemigos al mismo tiempo.
¡Entonces me rodearon y atacaron! Abrieron unas heridas longitudinales, de media espalda y la sangre se transmutó en festín. Desesperado, tomé la piedra, que a ser verdad, no servía de nada. ¡Unas garras alimentadas con un aullido tomaron mi cuello al tiempo que mi mano libre rasgaba el bolsillo para obtener medios de defensa! Saqué el polvo blanco en el instante justo en el cuello comenzaba a abrirse sin delicadeza.
En fracciones de segundo lo dirigí hacia donde supuestamente se encontraría la cabeza del atacante y lo lancé. El efecto fue increíble: ¡El ser me soltó y comenzó a retorcerse, mientras expelía espeluznantes ruidos! Los demás oscuros detuvieron su ataque y dejaron en paz al compañero de pesadillas, quien miró asombrado.
El asqueroso ente despidió pequeños rayos de luz que evolucionaron en una espiral de luces y eso impactó a los oscuros, retrocedieron, quisieron fugarse, para finalmente caer atrapados en el absorbente remolino.
Un sonido infernal saturó mis oídos, el remolino tomó forma de bulto, cayó y comenzó a apagarse. El Camarada se acercó y ambos vimos extasiados el fin de los demonios y de la pesadilla.
No hay fin para el mal.
Al extinguirse las llamaradas de luz un muy familiar cuerpo yacía en el suelo. Nos acercarnos, tomamos unos palos y comenzamos a golpearlo salvajemente hasta que muriese. Al no responder, lo abandonamos y huimos juntos sin rumbo fijo.
Al día siguiente, descansando de todo lo vivido fuimos despertados por un forastero. Presumía heridas por todo el cuerpo, llevaba un pañuelo que ocultaba la mitad de la cara y cubría la cabeza con un ancho sombrero.
Su voz fue extrañamente familiar, muy familiar: -Han pasado un mal momento. Yo también. Nacer materialmente fue doloroso, aún así, se los agradezco. Ha sido una experiencia increíble. - Se quitó el pañuelo y el sombrero, provocando un ininterrumpido alarido de mi compañero. - ¿ Me reconoces, hijo de puta? -
Sentí que enloquecía completamente. El otro emprendió la huida, dejándome a merced de ese hombre, quien dolorosamente era yo.
-Represento todos tus miedos, tus oscuridades internas, con las que has luchado estos últimos días. Fuiste un guerrero ejemplar, casi nos venciste. Afortunadamente descubriste la forma de materializarnos. -Crees que existe un dios bueno y uno malo. Eso es un cuento. El verdadero mal está dentro de cada ser humano. Es parte de tu naturaleza. La hechicería a la que te has expuesto con todo eso del silencio, de los pies descalzos, de la peregrinación, era para prepararte a entrar al pueblo de los brujos y convertirte en uno de ellos. Con el fin de conseguirlo, debías enfrentar a tus seres internos y vencerlos. En tu misión contabas con un ayudante: el polvo blanco. Ese preparado te daba fuerza y visión, increíblemente nos ofrendaste y la legión se unificó en este cuerpo. Has dado forma a tu mal. Te lo agradezco, ahora podré vivir entre ustedes y hacer el mal a su mejor estilo.-
Yo lloraba, imaginando lo que pasaría, cuando el “yo” expresó: -Te dejaré vivir para que sufras infinitamente mi vida. Mi vida es la tuya y si llegaras a sucumbir, yo no. No te preocupes por tu amigo, él ya murió.- Y dentro de mi mente, surgió la imagen de cómo el compañero de penurias se suicidaba enterrando una zarza en el corazón.
-Ahora vamos al pueblo aprendamos todo lo necesario de esos chamanes para incrementar nuestro poder.- Entonces tomó de la mano y nos fusionamos en un solo ser.
Desde entonces cuando duermo sueño que me persiguen ángeles, y cuando estoy despierto me dedico a matar.
2 comentarios
Ojo -
O -
Más que un cuento me parece un sueño articulado y autobiointeriorgráfico. :D