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Del otro lado/ en memoria Julio Cortázar

Del otro lado/ en memoria Julio Cortázar

Antier estuve leyendo sobre el aniversario luctuoso de Julio Cortázar y vino a mi mente esa delicia de lectura que es Rayuela, mi corazón re-palpitó por las magas, oh, sí, las magas, aquellas que se cruzaron en el camino y aquellas más que han clausurado sus bocas y besos para mí. Y es que esa obra, mi querida amiga, se fusionó entrañable y misteriosamente conmigo, con mis vivencias en 2007 allá, al otro lado, en el sur lejano de la Argentina y después, todo se engranó con este lado, vuelta acá, en México. Las calles Maipú, Esmeralda, los mates, la maga visitada en  Montevideo, la que tomó el bus en el Obelisco, la vivencia y caída en el manicomio, los asados y los amigos que nunca han salido de su ciudad natal, todo eso, formó una vorágine que penetró mis fibras formando esos arquetipos oníricos que eternamente arrastraré.


En el Buenos Aires querido, esquina Callao y Santa Fe se encuentra el otrora teatro "Splenda" convertido en "el Ateneo" y que destacadamente ocupa el honroso papel de la segunda librería más bella del mundo. Ahí, querida amiga, una tarde lluviosa, algo fría, pasé a gusguear en el más amplio sentido de la palabra y te lo prometo, fue un shock inesperado. Imagina un teatro Art Decó, de la década de los locos veintes, tiempos de Gardel, mutado en librería, donde la recepción invita a perderte en las novedades literarias, donde los palcos de los pisos superiores están tapizados por estantes armoniosamente atiborrados de libros  y donde lo que alguna vez fue escenario de miles de representaciones, presume hoy un café gourmet, con piano incluido y música en vivo jueves a partir de las 7:30.

Allí, después de acariciar lomos y lomos de libros, el destino o el qué se yo ubicó a Rayuela en mis manos. Un sillón me guiñó y mesmerizado, lo ocupé para engullir párrafo tras párrafo, hoja tras hoja, cada uno de los geniales encuentros y desencuentros ubicados en el París de postguerra entre Oliveira y la maga, las reflexiones gramaticales, los inexorables destinos, los peces de colores y los paraguas arrojados al Sena.

No hubo más opción, después del deleite me acerqué a la caja, desembolsé con gustó la guita y con un gran pesar, desemboqué de nuevo en la esquina atiborrada de gente por la hora y por la entrada al subte. Seguí hasta Corrientes, arribé por el notable café "El Gato Negro y  entre ramas de canela, té de jengibre y especias de todo el mundo, saboreé un aromático café de Kenia mezclado con semillas de Cardamomo mientras el eterno, impactante capítulo 7 de Rayuela devoraba mis ojos y corazón.


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