Mientras digería poco a poco las ideas de la cena, entré al ciberespacio para continuar la comunicación que a través de mensajitos incié minutos atrás con mi amiga guanajuatense. Charlamos durante horas, largo y tendido, hubo confesiones, explicaciones, lecturas, engranaje de actuaciones y mejor aún, de escritos que en principio parecieran inconexos y que al darles una ilógica trama, asombrosamente presentan una claridad inesperada.
La primera ocasión que tuve contacto con la hierba mate fue en Aguascalientes. Brenda trajo y a pesar de su amable ofrecimiento, no me animé a saborearla. Anos después, ya en Buenos Aires, un amigo de Comodoro Rivadavia con espíritu de profesor de a deveras, se dedicó a explicar a la bola de extranjeros incluido yo, el arte de preparar y degustar la bebida. Aprendí a qué temperatura debe estar el agua, cómo vaciar la pava en el mate, cómo evitar que la hierba se queme, pero más importante fue lo que representa matear con los amigos, un cuasi-símil con preparar una carne asada en Monterrey, digamos.
Mi amiga guanajuatense confirmó lo que suponía, la existencia del hilo conductor que traslapa mis escritos, por así decirlos, amorosos con mis vivencias. Le recalqué que sin las experiencias, los escritos no existirían, hace falta la carne que cubra el esqueleto.
Donosti, agosto 1994, 7 de la manana, un atribulado estudiante mexicano se preparara para el duro retorno a su patria, dejando ahí, una relación de carino inconclusa... la ansiedad ha estado corroyendo su alma durante la última semana, y vaya semana!! Ajetreo, despedidas, playa, marcha, mucha marcha! Joder tío! esos kalimotxos de a litro sí que pegan.
Escasos minutos para abordar el bus a Madrid, toma de la mano a la chica que lo fue a despedir, a la chica de esta relación, esta nina, la lleva unos pasos de la gente, mira sus pupilas mientras las propias se dilatan, la besa y susurra en su oído "como dijo Mac Arthur, volveré".
El mate se pasa al de al lado, quien debe dar un sorbo y continuar con la ronda. Quedar con él un rato provocará recriminaciones tales como "’Che, que no es micrófono", y es que al calor de la charla, los primerizos en el arte de la amistad argentina fácilmente se olvidan de pasar la bebida. Cuando se bebe por la manana, lo mas conveniente es incluir unas facturas, divertida aplicación al pan dulce, recien horneado, que se vende por esas latitudes.
Amiga guanajuatense, la vida está llena de encuentros y despedidas, el problemas es cuando nos enviciamos y le pegamos al existencialista, al fomentador de ausencias, mismas que después se tornan en suspiros de ansiedad por lo que no fue...uno se vuelve, en ese estado, un adicto a las despedidas. Hemingway siempre lo tuvo presente.
Donosti, agosto 1994, 7 de la manana, la gente del autobús, impacientada por querer iniciar el viaje, afanosamente miraba al mexicano cuyos labios se fusionaban con la chica, mientas la mano, poco a poco se desenredaba de los dedos ajenos. Pregunta entonces ella, con la inocencia de los amores veinteaneros, "ese Macarthur, sí volvió???"
Anos después, volví, pero ella, ella ya no estaba. Esa es una factura, que como las que acompanan al mate, quedó pendiente...addicted to farewell.