Blogia

DUNKELSEELE

…y resulta que las palabras perdidas, extraviadas, de pronto tomaron forma, ya no en párrafos de prosa, sino en un caudal de besos, abrazos y caricias, y sorprendida, sonreíste y aceptaste el nuevo discurso,  tomaste la parte más poética de la obra, la suavizaste con tu aliento y al final del párrafo le imprimiste sabor a eternidad.

El siguiente capítulo cautivó tu atención, un ejército de abrazos tomaba por asalto tu cuerpo, el cual al principio quiso resistir vanamente, cediendo poco a poco al ritmo en que brincaron una serie de exquisitos susurros a tu oído, llevándote a paraísos donde habías dejado señales para un reencuentro jamás alcanzado hasta entonces…

Deconstruiste así las formas gramaticales, batiste la ortografía y surgieron entonces inmaculados versos, que flotaban girando alrededor de tu cuerpo finalizando en tu cuello dejando así un excelso collar, marco perfecto para tu inmensurable sonrisa.

Tus páginas volaron como libélulas y montada en una, recorriste narraciones extraordinarias jamás leídas, jamás pensadas, jamás imaginadas…cruzaste ríos filosóficos y llegando a la cascada mágica, te bañaste en sus aguas y decidiste ser sirena y princesa, convocaste a colegas acuáticos y se armó un festival en grande, y en medio del bullicio, te alejaste a la orilla.

Viste entonces mi figura contemplando el río y la cascada, acompañado de una botella y cera, espiaste mis movimientos y descubriste que escribía yo ésta historia, y resulta que las palabras perdidas, extraviadas, de pronto tomaron forma, ya no en párrafos de prosa, sino en un caudal de besos, abrazos y caricias, y sorprendida sonreíste y aceptaste el nuevo discurso, tomaste la parte más poética de la obra, la suavizaste con tu aliento y al final del párrafo le imprimiste sabor a eternidad…

Bondi a la Plata II

Bondi a la Plata II

Hay algo más, inexplicable….

Miércoles 27.

5:30 Obelisco, Corrientes y nueve de Julio, de nueva cuenta. Recorro teatros, librerías, multitud acelerada, autos por doquier. Los últimos fogonazos del verano aún dan coletazos. Paso por la confitería donde solía adquirir las facturas. Doblo en Lavalle y me dirijo al subte.

22/09/2007

 

07:14:36 p.m.

 

Ludwig

   

oye echo de menos nuestras charlas, y claro, visitarte..

22/09/2007

 

07:16:18 p.m.

 

Justina

   

si!!!! yo también te extraño :( nos la pasabamos super!!!! pero ya nos veremos nuevamente.... (eso espero)

22/09/2007

 

07:17:49 p.m.

 

Ludwig

 

 

 

hombre, claro

 El metro sigue igual, predomina ese aire de dejadez, de grandeza decadente…5 minutos más y me subo con rumbo a Retiro, y así…

08/09/2008

 

09:09:09 p.m.

 

Ludwig

   

claro! la distancia ayuda a apreciar a los seres queridos

08/09/2008

 

09:09:48 p.m.

 

Justina

   

demasiado! estar lejos te pone las cosas y a las personas en perspectiva... ves cosas que antes no

08/09/2008

 

09:10:33 p.m.

 

Ludwig

   

exacto, en perspectiva....aprendes, creces....vives... y siempre queda el reencuentro...

08/09/2008

 

09:11:39 p.m.

 

Justina

 

 

 

exacto... siempre esperas el reencuentro... parece que no te queda más

08/09/2008

 

09:11:59 p.m.

 

Ludwig

   

y se reinicia todo...

 … y se reinicia todo…. Sabes Justina? Veo tu ausencia, me siento prisionero de trenes retrasados, de aduanas, de almanaques cuyas hojas no terminan nunca de volar, y queda la condena del tiempo, tu futuro y mi pasado, a veces dos, luego tres horas…Ayer me trajo una ave que emigró  del sur, un regalo tuyo. No lo he abierto aún, no es el momento. Tú y yo somos conscientes de los tiempos y de los ritos…

08/09/2008

 

09:25:59 p.m.

 

Justina

   

y como te sientes ahora?

08/09/2008

 

09:26:21 p.m.

 

Ludwig

   

uff...

08/09/2008

 

09:26:44 p.m.

 

Ludwig

   

tranquilo, con soledad que acostumbro cargar

08/09/2008

 

09:27:26 p.m.

 

Ludwig

   

eso si, con estas preguntas debo decirte que te extrano...me gustaria que estuvieses aqui...

08/09/2008

 

09:28:17 p.m.

 

Justina

   

y a mi me gustaría estar compartiendo contigo esta conversacion en un buen cafe... ya nos llegará el día

08/09/2008

 

09:28:49 p.m.

 

Ludwig

 

 

 

espero impaciente...la pregunta es, será en colombia...en la plata? en México?

08/09/2008

 

09:29:48 p.m.

 

Justina

   

no tenemos la respuesta... yo por ahora no la tengo....

 5:55, Desciendo veloz en última estación Retiro, esquivo multitudes estresadas que retornan a casa, me dirijo hacia la escalera a la derecha que me lleva al parque frente de la estación, acelero mis pasos hacia la parada del Bus, atravieso la congestionada calle y  a lo lejos espera la fila de personas cuyo rumbo comparten conmigo, La Plata.

 

20/09/2008

 

08:11:19 p.m.

 

Justina

   

te decia que te proponia encontrarnos el proximo miercoles a las 9 hora Argentina...

         

20/09/2008

 

08:11:44 p.m.

 

Ludwig

   

miércoles, 9 tuyas...7 mias...

20/09/2008

 

08:11:51 p.m.

 

Justina

   

Oki

20/09/2008

 

08:11:55 p.m.

 

Ludwig

   

que bien!

         

20/09/2008

 

08:12:15 p.m.

 

Ludwig

   

te parece 7:30?

20/09/2008

 

08:12:22 p.m.

 

Justina

   

Jejje

20/09/2008

 

08:12:25 p.m.

 

Justina

   

si me parece... :)

         

 6:02 Asiento 22, arranca el Bondi después de desembolsar dos pesos. Vuelvo a pasar por la avenida 9 de julio, lo que me permite redisfrutar de la ciudad, sus edificaciones, su tráfico y contaminación, su decadente belleza... pasamos por el barrio de Boca, cuyo centenario puente metálico permanece inmóvil, oxidado. Pensamientos varios, flashes incólumnes transgreden mi línea mental...¿dónde estoy? ¿a dónde voy? Preguntas fáciles de hacer, difíciles de contestar profundamente. ¿Qué hace a un hombre ir en pos de una dama? No reduzcamos el sentido de esto a las hormonas alborotadas, no, algo más hay en esto, en el viaje hacia ella...Algo más...César, Marco Antonio, Menelao y Paris...ellos ejemplifican mis preguntas, claro, sin respuestas ciertas.

 

20/09/2008

 

10:01:21 p.m.

 

Ludwig

   

me gustaria verte ya

20/09/2008

 

10:01:50 p.m.

 

Justina

   

jejje... no quisieras... estoy fatal... despeinada... jeje

 6:25 Algo más hay....inexplicable...Es hora de cerrar el círculo iniciado hace ya algunas lunas llenas.

7:50 Llegada a la Plata. Ahora no hay frío, es diferente, muy diferente.

7:55 Sigo hacia el pasaje, nuestro cómplice de encuentros. El casco, la definición de las calles de La Plata muestran trazos muy peculiares, casi alquímicos. calles rectas, aquí no hay multitudes, solo frío y el sentir provinciano, ineludible para ser capital de la provincia de Buenos Aires. Vista desde arriba, la ciudad y sus plazas forman un rombo dentro de un cuadrado.

8:05 Alcanzo por fin al Dardo Rocha, museo ahora, estación ferroviaria a fines del siglo XIX. Miro la Diagonal, con sus faroles afrancesados en mitad de la misma, un sentir tenuemente parisino aletarga mi espera...

9:08 ¿Dónde estás Justina? Tú y yo somos conscientes de los tiempos y de los ritos… es hora de continuar, de echar a girar nuestro mundo (Sí, nuestro), de reencontrarnos y abrazarnos como si nunca nos hubiésemos soltado, me quedo disfrutando estos momentos, sabiendo que llegarás con tu sonrisa y ese, ese grandioso brillo de tus ojos. Es hora de retomar las historias platenses inconclusas.

 

 

 

Pies en el agua

Pies en el agua

El pabellón lucía abarrotado, cientos se mueven entre los pasillos de la exposición literaria que cada año se realiza en Monterrey. La obra de Vargas Llosa resalta por su recién adquirido premio a la entrada de una casa editorial.

Novedades, clásicos, millones de universos, historias, biografías, teorías y sueños se entremezclan en cientos de metros cuadrados. Devorando títulos ve el reflejo de ella en el kiosko de enfrente, va tras él entre el tumulto y al llegar ha desaparecido, dejando sembrada la incógnita...

Pasada la emoción, entre mares de páginas encontró una buena opción a adquirir, otro nobel, Pamuk y su Istambul a orillas del Bósforo, y entonces llegó, con un suave vaiven, un rítmico oleaje, el muelle, sus pies mojados, la lluvia, solo ella y nada más que ella, casi a las cinco de la tarde, esperandolo con una sonrisa.

Al parpadear de nuevo el bullicio retorna energizado, clientes atiborran los pasillos, una portada ilumina el nombre de ella y al tomar el libro ha cambiado de nombre. -¿Cómo lo haces Justina?- se pregunta él.

Solo sabe a ciencia cierta, que el reloj corre sin piedad su marcha atrás y que pronto, muy pronto, la rodeará con sus brazos para ya no dejarla ir. Por lo pronto, son casi las cinco y es hora de pagar "Istambul" y continuar el camino que como todos, lo llevará al hogar, al muelle, donde ya estuvieron y donde estarán. -Seca tu lágrima- ordena él. -o la seco a besos-.

 

 

 

 

 

Elixir

Elixir

Selvas, desiertos, montañas y nevados, volcanes y caminos sinuosos, kilómetros y kilómetros de por medio, fronteras hechas por el hombre y por la naturaleza, tu en el indomable sur y yo al norte, a dos horas del decadente imperio.

Nos hemos visitado en sueños y a pesar que el velo de los duendes nubla tan dichosos encuentros, al despertar me quedan las señales de lo que vivimos, veo tus ojos que centellean al tiempo que el amanecer disipa la oscuridad otoñal.

Descubro entonces que en mi mano izquierda tengo aferrado un frasquito relleno con un líquido brillante que despide el aroma de tu piel, de tu aliento, de tu encanto. Me estremece pensar siquiera el poder del elixir, así que con un lento movimiento lo acerco a mi corazón, inspiro con profundidad y por un instante todo, pasado, presente y futuro se entremezclan y otra vez, una y otra vez, tu esencia rodea mi ser, mientras dibujo una sonrisa que a miles de kilómetros me es correspondida con creces.

Te adoro.

 

 

 

Reloj sin manecillas.

Reloj sin manecillas.

Dardo Rocha, 8 PM. Das la vuelta hacia la entrada del recinto, tu bufanda cubre la mitad de tu rostro sin que el ardor de tus mejillas quede oculto. Adivino tu labios formando una hermosa sonrisa bajo la prenda, mis pies pretenden correr hacia ti y por otro lado se funden de un modo terrible en las frías baldosas.

Cruzamos el puente y mis dedos se entrelazan con los tuyos, nuestras miradas se encuentran un instante y entonces, ahí mismo, en ese brevísimo instante me pierdo en el resplandor que tus ojos me presumen. Nos descubrimos atemporales, siempre tu y solo tu, antes, ahora y después, un subir y bajar de la montana rusa... entonces sonríes y muestras las estatuas de la avenida Santander al tiempo que mis ideas se evaporan en sentimientos.

 6:30 AM. Nos elevamos despacio, lento, el viento suaviza su frescor, los rayos del sol comienzan a tenir el cielo de rojos y deliciosos tonos cerezos, casi los podemos tocar con solo estirar un poco la mano...ahí está! uno, otro...Tu y el horizonte me invitan a rodearte con mis brazos al tiempo que nos descubrimos, de nueva cuenta, atrapados en el reloj sin manecillas.

 

 

 

Devenir

Devenir

Me he encontrado con que dentro del diario devenir, entre calores y chubascos aislados, me inquietan tus tonos,  el resplandor de tus estrellas, tus olas que crispan mis acantilados más perfectos...Resulta cierto entonces  que bajo el velo de la distancia vale la pena reir, soñar, y ¿por qué no? Latir en un sentido exquisito, tan indomable, que ni el vacío final borrará los rastros de este sentir.

El horno de piedra.

El horno de piedra.

La hambruna azotò al paìs tras doblar por ùltima vez las campanas de la guerra, guerra entre hermanos que dejò exiliados en Amèrica, poetas extraviados, monumentos al caudillo y hermanos divididos por el mismo Dios.

Siendo un niño Xavier viviò en carne propia la falta de alimentos. Hermano de cinco chiquitines y huèrfano de padre, en un paìs en ruinas y sin futuro cierto, siguiò el aroma que se colaba entre las estrechas calles del casco viejo de la ciudad, hasta dar con la ùnica panaderìa en los alrededores. Allì, se quedò mirando desde el pòrtico a la variedad de delicias que la vitrina presumìa. Josè, dueño del lugar, al darse cuenta del hambriento crìo, decidiò regalarle algo para comer e invitò Xavier a pasar.

Al ver el horno de piedra se dio cuenta de que ese era su destino: serìa panadero, asì, su hambre y la de sus hermanos desaparecerìa. Despuès de plantear sus deseos al dueño, èste accediò y le dio trabajo al pequeño. En principio eran tareas sencillas, pero poco a poco fue aprendiendo e oficio y cual alquimista, logrò con el paso del tiempo hacer los panes màs deliciosos de la ciudad.

Conocì a Xavi en el otoño de su vida, padre de dos guapas hijas y arrendatario del piso que ocupè en San Sebastiàn, durante mi tiempo de intercambio estudiantil. Algunos domingos me pasaba por su piso, les preparaba guacamole y èl me daba un aguardiente gallego mientras charlàbamos de España, polìtica, historia. Dentro de mi torpeza juvenil, le comentè que entrenaba atletismo en mis tiempos libres en Mèxico, y èl entonces me dijo que su vida habìa sido dura, sin tiempo para deportes y esparcimiento, para despuès invitarme a levantarme a las 4 de la mañana y acompañarlo a conocer los secretos de los fogones, las harinas, la vendimia. Nublado por las noches de marcha, los litros de kalimotxo, embriagado por las lecturas de la Universidad de Deusto le mentì afablemente de que antes de volver a mi tierra, le acompañarìa, cosa que, nunca sucediò. Despuès de dejar España, no volvì a saber de èl ni de su familia.

La semana pasada terminamos de construir el horno de piedra para la pizza boutique y al verlo, aùn antes de funcionar, el evocar la antigua invitaciòn de Xavier me hizo reflexionar còmo terminamos haciendo algo que en ocasiones, ya estaba en cierto modo sembrado dentro de nosotros, guardado en el rincòn de los recuerdos. Gracias Xavier.

crash 1

crash 1

Líneas que no dicen nada, espacios en blanco que esperan no dibujos, tan solo trazos que conformen alguna vaga idea, un símbolo que leer. ¿No te das cuenta pequeña? quieres cubrir con tu manto a una alma con alas, y entre más lo haces, más sus plumas se agitan y su tinta enmudece, congelada por el frío sentido de pertenencia...

Es irónico, buscamos a menudo momentos gregarios, espantar la soledad, y tras 24 cantos y 48 bailes, pulimos nuestras copas, las alzamos y bebemos vacío, con la ilusión de que enriquezca nuestras entrañas.

Lo sé, no engañemos, solo escuchemos los tic tacs del porvenir, mientras deshojamos las mejores páginas de la novela de la vida en el río de las montañas heladas, te pido te asomes por debajo del puente y me narres que ves, lo que escuchas, lo que sientes...

¿Dónde nos perdimos? ¿Cuánto más girará este mundo así?

 Disfracemos las leyendas, cubramos las orquídeas, libremos de cerrojos al castillo, cabalguemos hasta que el aliento nos falte....

Zeilen, die nichts zu sagen, warten Leerzeichen oder Kategorie Spuren nur eine vage Idee, ein Symbol, um lesen zu bilden.  Sie wollen Ihren Mantel, eine Seele mit Flügeln decken, und je mehr Sie tun, desto mehr ihren Federn flattern und die Tinte schweigt, durch die Kälte Zugehörigkeitsgefühl gefroren ...

Ironischerweise haben wir oft gesehen gesellig, erschreckende Einsamkeit, und nach 24 Songs und 48 Tänze, polnisch unsere Gläser, erheben wir trinken und das Vakuum, in der Hoffnung zu bereichern unsere Herzen.

Ich weiß, nicht dumm, nur um die Ticks der Zukunft zu hören, während die kahlen besten Seiten des Romans des Lebens in der eisigen Gebirgsbach, bitte ich Sie unter der Brücke stecken und erzählt, dass ich sehe, was Sie hören , was du fühlst ...

Wo sind wir verloren uns? Wie viel mehr wird diese Welt zu machen?

Kostüme Sagen wir die Orchideen decken, Sperren Sie aus der Burg, fuhren wir bis Ausverkauf der Atem ....

 

 

 

 

 

 

El tren del olvido

El tren del olvido

Escribanos, no fallen en derramar sus palabras, en acariciar nuestros ojos con sus leyendas, no fallen, sabemos que en ocasiones la musa os abandona en la perdición y otras más la embriagadora hada se embarca en el perla negra sin decir adiós, sin cantar siquiera retirada...

Los contadores de historias, de amores hechizados, de realistas desamores, de existenciales desencuentros, se han subido al tren del olvido y migran rumbo desconocido...¡No se vayan! queda mucho por contar...

Ríos metafísicos

Ríos metafísicos

Quiero que me acompañes, sí, tú, ambos juntos, a atravesar todos los ríos posibles que nos regalen otras orillas, otras versiones de nosotros, otros juegos de luces, menos relojes y más atardeceres, menos espejos y más ventanas, un sombrero para mi y unas sandalias para vos, diferentes aromas de café y chocolates para compartir,nueva música al oído y sobre todo más y más reencuentros para ambos.

¿Será mucho pedir?

Trae unas velas, una cámara, y no olvides la sonrisa, que los abrigos los pongo yo.

 

 

Espejismos.

Espejismos.

Qué somos, sino tan solo espejismos de los otros?

Espejismos donde ven lo que quieren ver,

pálidos reflejos de ensuenos,

retratos quizás,

de algunas líneas,

que una trémula mano,

enhebró sin piedad,

o tal vez de sinsentido,

que creemos tangible

y presume el latido al final

que somos espejismos de los otros...

Vértigo I.

Vértigo I.

Todo giraba, de izquierda a derecha, a una velocidad digamos, una rayita más del nivel pausado, sin ritmo ya. Al intentar caminar, parecía como si estuviese debajo de una campana de la independencia gigantesca repicando, lo que obligaba a cada paso a tambalear el cuerpo izquierda a derecha, una y otra vez, y si la cabeza era erguida se anadía el repetitivo giro visual de arriba abajo, abajo arriba como rueda de la fortuna sin fin.

Siendo bebé se experimentan los primeros pasos erguido, tambaleante, diferencia simbólica que nos separa de los camaradas primates. Ahora llega el recuerdo de esa sensación, de ese gran paso para la humanidad, de ese correr hacia los brazos de la madre que sonriente está atenta a que el crío no azote su esencia en las baldosas.

Todo gira de nuevo, cual retorno a la infancia, cual avión herido en combate, sin remedio.

Habrá que detener al mundo y bajarse ya, como rezan en sudamérica, o simplemente, habrá que saltar al tunel del tiempo y listo.

 

 

 

 

Maite zai tut

Maite zai tut

Toda feria del libro esconde nuevas maneras de seducir, de embrujar, de atolondrar, siempre se presentan con más o menos metros cuadrados, con mayor o escaso bullicio, con espectaculares o tímidos eventos análogos, y siempre, siempre al final, terminan por heredar una lista de páginas a devorar.

Suelo afrontar cada feria literaria como me he conducido al conocer una nueva ciudad. Me explico: dejándome fundir entre sus calles para reconocer paso a paso sus olores, ruidos, paredes, su esencia, su rostro sonriente y oculto. La otra manera, más mesurada, es a través de guías o mapas que con anticipación interiorizo, desenhebro, reconstruyo para llegado el momento, hacer rendir los granos de arena del reloj de la vida.

Pongo como ejemplo dos ciudades que inician con “B”: Buenos Aires y Bangkok, ambas disímbolas, como fue la manera de acariciarlas, de observarlas, de sentirlas, de amarlas.

Bangkok requirió de mapas, libros explicativos que permitieron bajar a un plano cartesiano esa fusión que impregna el río Chao Praya a ambas orillas, donde a cada pier se toman las veloces embarcaciones cuales bondis, aparecen siempre repletos de cotidianos transeúntes que se desviven por llegar a tiempo a sus compromisos. El río exhibe su cara más fétida y pobre y alegre y vibrante,  un mercado en balsas, rodeado de casas flotantes, a medio derruir, paraíso cautivo para las nikon y canon. En otro sector, los tuk tuks zigzaguean entre el tráfico y el aroma a gasolina, conectando los palacios y jardines reales con las zonas de rascacielos y malls gigantescos.

En la afamada calle Corrientes cuenta la leyenda que alguna especial noche de luna, las 1001 librerías vecinas de 1001 teatros y de 1001 cafeterías, se ponen sus mejores galas, toman la calle, la invaden con sus mejores armas: sillones, música y jolgorio y presumen a sus anchas la vendimia cual zoco marroquí con sabor a candombre. Buenos Aires se decanta gota a gota, libro a libro, tango a tango…

Recorriendo los pasillos de la feria del libro en Monterrey me topé con algunas ediciones interesantes de la serie “ciencia que ladra”, adquirí algunos para completar la colección que inicié en Av. Corrientes hace ya un par de años. Conseguí una edición en alemán de “la metamorfosis” y al dar la vuelta emergió un stand que entre otras cosas, mostraba un cartel sobre la próxima película de “Boogie el aceitoso”, excelente personaje creado por Fontanarrosa y que de niño fiel seguidor fui.

El mejor paseo en catamarán por el río Chao Praya fue sin duda en la ocasión en que, gozando del buen uso del libro guía sobre Tailandia, encontré un pequeño apartado con información sobre elegantes cenas navegando de un extremo a otro del río. Vía internet, separé un par de lugares a pesar de estar aún a miles de kilómetros de distancia. No pudo ser mejor la idea, sin el email no nos hubieran dejado abordar siquiera. Bajo una ola de calor navegamos hasta el puente Rama IV y apreciamos tanto de ida como de regreso la fastuosidad de los iluminados palacios imperiales y el espectacular templo con sus cinco torres: Wat Arun.

Nuestra charla fue amena, virando del estupor, pasando por el terrible calor hasta recaer en las responsabilidades de amar. Según Lily: ‘’decir te amo cuando realmente se hace, engrandece a la persona”. Mi réplica consistió en ese entonces que eso era el equivalente a andar pagando un arancel de por vida.

Alejandro Dolina escribió en su afamado libro “Crónicas del ángel gris” sobre los amores imposibles. Aprovechando la única ocasión al año en que un sillón mullido reposa bajo los semáforos de la avenida Corrientes comencé a hojear la obra del argentino que deleita con cada página los embates, los avatares y los vaivenes con las morochas y rubias de un rincón, el barrio de Flores en Buenos Aires.

Había ido una  tarde a la biblioteca de la universidad por unos libros que necesitaba para descifrar los misterios de la bolsa de valores, examen en puerta y yo sin distinguir la diferencia entre un mercado bull o bear. Allí me encontré con Laura, quien de ipso facto se unió a mi causa y nos ubicamos en una cómoda mesa con pícaras lamparitas Realmente no estudiamos nada, con las consecuencias adversas que el futuro entonces nos acarreó, sin embargo, pasamos una velada de charla ininterrumpida, que viró de las diferencias culturales vascas y mexicanas al amor, terminando yo por aprender en Euskera el significado de “maite zai tut” y vivir en carne propia esa experiencia.

 "De cada mil personas que acaso pasen por esa puerta acaso nos conmueva solamente una. Del mismo modo, quizá solo una entre las mil tenga a bien impresionarse con nosotros. La cuenta es sencilla: sin contar percepciones engañosas y desilusiones posteriores, la posibilidad de un amor correspondido es de una en un millón”, explica Dolina. Levanto la vista, el bullicio prosigue en Corrientes, la librería Gandhi tiene una cara diferente, de feria, lugar mágico. Me levanto del sillón y me pierdo entre la multitud de cazadores de libros.

Pasando el stand donde Boogie el aceitoso mira con desprecio, está la puerta que dirige hacia el pasillo donde se ubica una exposición de España, con fotos de revistas del franquismo, libros no publicados en México, y entre ellos, me hace guiños uno para niños, escrito en Euskera. La curiosidad estira mi mano para hojearlo, en busca de algo, alguna palabra, frase que conecte con la nebulosa del recuerdo de mis gloriosos días en país vasco, y encuentro, ahí, en la feria del libro, ahí mismo, “Maite zai tut”.

 

 

 

Handy man

Handy man

En algún momento de temprana infancia me regalaron un cochecito naranja mercedes benz, alas de gaviota, hermoso realmente. El hecho de que funcionara con baterías me intrigó sobremanera, así que manos a la obra! Al desarmarlo extraje una bobina que generaba el movimiento y la instalé en una lanchita haciéndola navegar en el lavadero de la casa. Ya animado con el éxito obtenido, busqué mi primera calculadora de micky mouse para ver cómo era que sumaba, restaba. Ahí me topé con circuitos integrados setenteros…. Ambos eventos, además de causar problemas con mis padres, proyectaron visiones en las que ya de grande me veía como todo un ingeniero que construía robots, naves espaciales…

En vacaciones de verano mi papá, consciente del mundo moderno y los retos del mismo, me hacía fungir como ayudante cuando afinaba el safari. Así, le pasaba pinzas, iba por agua para la batería, desarmaba piezas, observaba cómo él, basado en un libro de mecánica para Volkswagen, hacía y deshacía, cambiaba bujías, aceite…

Sin embargo, nunca me le pegué cuando quiso ensenarme el oficio de carpintería ya que para entonces el gimnasio era prioridad máxima, los campeonatos de atletismo se acercaban y el cuerpo distaba mucho de Carl Lewis, el famoso hijo del viento.

La inquietud estaba sembrada…Edison, Marconi, Pasteur, Da Vinci….devoré sus biografías y emergió en mí la idea de que el camino de la ingeniería sería lo mío.

Hace un mes haciendo el mandado encontré la mesa perfecta para el televisor.  Con entusiasmo la adquirí para darme cuenta bastante tarde que la oferta cede en precio para que el hábil usuario arme el mueble.

No big deal, después de repasar mentalmente el herramental disponible, caí en la terrible conclusión de que iba derechito a la guerra sin armas. Encaminé mis pasos hacia el especializado supermercado de herramientas: Homemart. Allí, en esa gigante ferretería, me surtí de los juguetes indispensables para todo hombre: taladro, conexiones eléctricas, flexómetro, brocas…

Ya en casa, con 40 grados a la sombra, desempaqué la mesa, saqué una por una las diversas piezas de la mesa, los millones de tornillos  y las múltiples e in iteligibles hojas que pretendían ser un instructivo. Pasados unos cuarenta minutos de total concentración combinado con sudor estilo bano sauna, decidí dejar esta tarea para ocasiones más benévolas, digamos, bicentenario de la independencia, paso del cometa Halley, retorno del cordero…

Para ser admitido al taller de electricidad, allá en la época de ochentera secundaria era indispensable superar varias pruebas, todo debido a la alta demanda de pubertos con sueños ingenieriles. La electrizante primera prueba fue recibir unos choques eléctricos en los dedos de la  mano para desanimar a los miedosos (oh, sí!) y divertir a los camaradas espectadores incluído al maestro. La siguiente era plasmar en papel una mesa de trabajo del taller y la tercera consistía en doblar entre sí unos alambres con unos alicates.

Estoicamente sorteé la primera, garabateé la segunda y…… zaz!  Houston llamando a tierraaaaa……resultado negativo con la tercera. Ahí, en ese momento preciso, debí reconocer y aceptar muchas cosas, quizás la prematura edad nubló mi juicio.

Después de desdeñar el trazo que hice de la mesa, contemplar los alambres sin doblar entre sí, me miró el profesor y con un aire de desprecio, asco infinito ante la inutilidad del ser que tenía frente a él sentenció lapidariamente: “vaya a otro taller”.

Frustrado, decaído, con miles de bytes desdibujando las sinapsis más elementales de mi cabezota, salí del salón y los pies me dirigieron a la primera puerta que encontré.  Entré, sin meditar lo que hacía, miré abatido los restiradores y después de unos mini trámites fui aceptado en el glorioso cuerpo de dibujo técnico industrial. Figuras tales como tornillos, engranes, hipérbolas, esquemas, perspectivas, lay out  esperaban por tres anos.

Pasado un tiempo de trazos y más trazos llegó el momento en que comenzamos a manejar tinta china. Fue un fatídico lunes, ocasión para lucir el uniforme de gala y rendir honores a la bandera. Coloqué el frasco de tinta sobre el restirador inclinado, que como Newton predijera sabiamente, resbaló y derramó su contenido sobre mí uniforme.

Nunca logré alcanzar algún 10 en dibujo, repito, nunca. No era lo mío, como ya había corroborado la derrota del taller de electricidad y si me quedase duda, con el baño de tinta.

En otra ocasión continuando con mi cavernario instinto de Handy man quise arreglar la cisterna del escusado que se había dañado. Sin leer instrucciones y sin tener la más remota idea del funcionamiento del mismo, me di a la tarea de desarmarlo, recibiendo un chorro de agua directo a los ojos, que me hizo caer mientras éste alcanzo hasta el techo, derramando líquido por doquier.

Cual cascada, alcanzó la habitación donde alcanzó un rincón, humedeció varios de mis libros favoritos, entre ellos, las máquinas de Da Vinci.

Todo salió mal.

En un momento de total iluminación tomé las piezas de la mesa, las regresé a la caja, subí al coche y estuve peinando las colonias aledañas al fraccionamiento donde vivo. Encontré una carpintería y zaz! Entre tres personas armaron la mesa por la módica cantidad de 150 pesos.

 Aprendí hasta ahora la lección.

El mar III

El mar III

Publicado en un diario de circulación nacional:

El sueno de un joven se torna realidad:  conocer el mar........a costa de la memoria.

Qué tiene de especial el que alguien desee ver el mar?

El hombre, de apellido Jones, en honor de cumplir el deseo de su padre, salió de su hogar a recorrer los 500 kilómetros que separan su pueblo de Puerto Ordaz.  Sin cambios de ropa y con poco dinero en el bolsillo, cruzó montanas y durmió a la intemperie, todo para lograr su objetivo.

Vecinos de una de las localidades donde fue visto explicaron a este diario que "se le veía muy animado, recibía con alegría y un poco de vergüenza los bocadillos que le preparamos y como agradecimiento nos regaló una hora tocando el viejo violín del abuelo". Y es que este joven es egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes, especialidad en música, con mención honorífica.

Jones fue encontrado tendido en la playa, al parecer después de sufrir un accidente que borró su memoria, pasó un tiempo internado hasta que al ser trasladado a un hospital psiquiátrico escapó, buscó refugio en un bar y dio un magistral concierto tocando el piano del lugar. Fue reconocido por un comensal y tras las gestiones necesarias se dio aviso a sus familiares que viven a 250 kilómetros de Puerto Ordaz. Al parecer, no reconoce a nadie aún, pero eso sí, no olvidó la promesa hecha a su padre ya fallecido ni mucho menos cómo deleitarnos con su música interior.

 

La mer II

La mer II

-No tienes idea mijo, dicen que su aroma se percibe a kilómetros y kilómetros de distancia, que puedes dormir arrullado con sus movimientos y que cuando se encrespa, golpea furiosamente sobrepasando sus límites. Por las noches se tranquiliza y hace bailar a la misma luna en su espejo, hasta que la otra, tímida, sonríe. Muchos han decidido dedicar su vida a él y alimentan a sus familias con sus frutos, en ocasiones arriesgan la vida y llegan a lugares muy, muy lejanos. ¿Sabes? muchos antigüos tesoros están ocultos bajo su manto, símbolos de otros tiempos y ejemplo de que la codicia no ha cambiado. Nunca tuve oportunidad de conocerlo, algún día iremos, mijo, algún día...-..............................................................................................................................................................................................................................................................................................................................

Pasados unos meses, ningún médico pudo hacer hablar al solitario náufrago, por lo que decidieron enviarle a un hospital psiquiátrico, donde encontraran una solución o por lo menos, otro mecenas para mantener al mudito loco.

Al pasar por el lobby del hotel, el joven puso atención inusitada hacia una ventana que daba a la calle, presto, salió corriendo haciendo que sus acompañantes le persiguieran para no perderlo. El joven cruzó la calle, entró a una sucia cantina y se detuvo frente a un piano Steinway, de media cola. Acarició con su  mirada y después con su mano el lomo del mismo, comunicándole su sentir, su dolor...

Tomó asiento y comenzó a tocar maravillosamente, con una ejecución virtuosísima que dejó impactados a los comensales y a los perseguidores que en ese momento arribaban; la música rebotaba en paredes, endulzando cristales, derritiendo vanidades, acrecentando regocijos.

 

 

Das Meer

Das Meer

A lo lejos, sobre la playa yacía un bulto negro, desparpajado, inerme. Una persona del autobús turístico, tomó sus miralejos, tosió un par de veces, enfocó y detuvo el aliento un par de segundos, quizás tres. El objeto dejó de ser un bulto para transformarse en una húmeda gabardina que presumía dedos y cabello despeinado. Era un hombre probablemente herido o muerto.

A gritos pidió al chofer detener el autobús, aclarando su descubrimiento que más tarde postearía en alguna red social de la web como una inolvidable anécdota.

Varios bajaron y corrieron entre las piedras, arena y basura hacia el inerte cuerpo con la esperanza de ser héroes y salvarle. Respiraba aún, entonces ni tardos ni perezosos lo tomaron en sus brazos y llevaron hacia el chiringuito más cercano para tratar de reanimarle. Una femenina mente práctica pidió una ambulancia, que a pesar de lo accidentado de la península, arribó antes de lo esperado. Para ese entonces el náufrago había abierto los ojos y tosido, demostrando que aún quedaban años que existir. De unos 38 años, complexión delgada, ojos brillantes y tristes a la vez.

Quizás el calor, el agua salada, los golpes sufridos, no le permitían hablar. Carente de identificaciones, de dinero, solo se limitaba a atesorar con los ojos el mar, a pesar de los esfuerzos de los enfermeros y médicos porque les prestase atención.  Su mirada mostraba un áura de desenfado, nostalgia profunda.

Hospital, alimentos, curaciones. Pasaron un par de semanas y seguía sin emitir palabra alguna, hubo quienes intentaron el lenguaje de los sordomudos pero él no prestaba atención y solamente comía para inmediatamente terminado, tomar una silla, colocarla frente a la ventana y sentarse a disfrutar del mar toda la tarde, siendo que a veces, meneaba tímidamente la cabeza al ritmo de las olas cuando hasta allí escurría el murmullo de lo inmenso.

En ocasiones de tormenta se acercaba con ansiedad, abría más los ojos y admiraba los quejidos del trueno, la danza de las nubes, el olor de la tormenta.

Por razones humanitarias el director del centro médico cedió una habitación para él solo, al mismo tiempo que su foto aparecía ya en los periódicos locales solicitando ayuda para identificarlo y para secretamente deshacerse de él. Por otro lado, las enfermeras estaban encantadas con el desconocido, sin tener una remota idea siquiera de las sorpresas que guardaba para sí el misterioso náufrago de un navío jamás siniestrado.

 

Tirano es el tiempo.

Tirano es el tiempo.

Me besas, sí, lo haces desde la distancia que limita tu aliento más no tus deseos, tus ansias de verme, de moverme, de saciarme. Mi cuello echa de menos tus dientes, mientras te crucifijas en las manecillas del reloj, donde cada tic tac estremece tus alas, y la niña que en ti vive, desgrana los frutos del árbol dejando correr los manantiales del tiempo en espera del invierno y de los fabulosos regalos de la temporada. Me esperas y no llego, me llamas y duermo, vuelas y aterrizo... ¿qué pasa? desincronía total, para atizar los fuegos de los escasos encuentros, de las pocas fugas, de las olvidadas meditaciones.

Acaricias tus recuerdos, atesoras latidos, mientras extiendo mi mano entre sueños, infinitos sueños, para tocar tu mejilla.

 

redacto alguna lokura....

tus labios marchitan mi sangre

tus venas palpitan

tu perfume destroza palacios

tus ojos dominan almas estrictas

mis lágrimas pulen tus sueños

tus cantos mecen mis naves

los huracanes te temen

los hielos se sonrojan

¡Basta! Vení a por mí

y derrama tu alma.

 

 

 

Καλλιόπη

Καλλιόπη

Me enamoré de Calíope de la misma manera en que, en otra época y  con otra piel, un jovencillo de secundaria se enamoró de Meletea, así fue.

El teatro estaba solo, aún no iniciaba el concierto, los amigos charlaban sobre temas propios de la edad, cuando, al acercarse a la taquilla, sus ojos se entrecruzaron con los de ella, donde encontró ese momento en el cual el tiempo se detiene y el universo conspira en contra del sentido común, en contra de las leyes de la física y atolondra los corazones de incautos.

Calíope tuvo claros sus pensamientos, conocía la ubicación de la mesa dentro del restaurante, así que con paso firme, sonrió, y dirigió su rumbo hacia donde yo disfrutaba de la cena. Giré, y percibí primero una exquisita figura femenina, paso a paso y en slow motion despedía intensos colores a su lado y su alrededor comenzó a desaparecer amplificando mil veces su presencia, como si ella emergiera de una vorágine de luces en forma de túnel y en el preciso momento, no segundos antes ni después, sus ojos se posaron sobre los míos, desarmando, destruyendo, mutando, como un virus que borra el disco duro de la memoria o como el tsunami cuyas aguas limpian la inerme, cálida y distraída arena.

El joven, ignorante de los preceptos más básicos del amor se encaminó a la taquilla y desorientado cuestionó a la chica con lo primero que arribó a su mente. Entre sonrisas, ella explicó de qué iba el concierto, mientras él, no dejaba de mirarla con una intensidad inusitada, desconocida hasta ese momento por ambos, lo que provocó que unas mejillas pasaran del rosado a un ligero carmín, comparable a un efímero pinot noir, entre cereza y madurita ciruela.

Calíope acompañó mi cena, el corazón quería romper el esternón y pintar un surrealista-mexicano cuadro con venas entrelazadas contra un espejo…reflejo de lo imposible.

Desencuentros en el antro, encuentros entre amigos, visitas, bodas, salidas, el hada verde pudo unirnos pero una vez más, sí, al final, terminamos separados, con destinos  no tangentes deconstruidos, y solo recuerdos y futuros 16 y escaleras a ningún lado y manecillas sin reloj y puentes sin ríos y hojas sueltas sin pasta y notas sin instrumento que así quedaron.  Un pedazo de eternidad, fue su regalo, la eterna.

Meletea, inconsciente de la semilla que la mirada del joven sembró en su iris, jugó un papel crucial en las páginas en blanco pendientes por escribir.