Reloj sin manecillas.
Dardo Rocha, 8 PM. Das la vuelta hacia la entrada del recinto, tu bufanda cubre la mitad de tu rostro sin que el ardor de tus mejillas quede oculto. Adivino tu labios formando una hermosa sonrisa bajo la prenda, mis pies pretenden correr hacia ti y por otro lado se funden de un modo terrible en las frías baldosas.
Cruzamos el puente y mis dedos se entrelazan con los tuyos, nuestras miradas se encuentran un instante y entonces, ahí mismo, en ese brevísimo instante me pierdo en el resplandor que tus ojos me presumen. Nos descubrimos atemporales, siempre tu y solo tu, antes, ahora y después, un subir y bajar de la montana rusa... entonces sonríes y muestras las estatuas de la avenida Santander al tiempo que mis ideas se evaporan en sentimientos.
6:30 AM. Nos elevamos despacio, lento, el viento suaviza su frescor, los rayos del sol comienzan a tenir el cielo de rojos y deliciosos tonos cerezos, casi los podemos tocar con solo estirar un poco la mano...ahí está! uno, otro...Tu y el horizonte me invitan a rodearte con mis brazos al tiempo que nos descubrimos, de nueva cuenta, atrapados en el reloj sin manecillas.
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