Maite zai tut
Toda feria del libro esconde nuevas maneras de seducir, de embrujar, de atolondrar, siempre se presentan con más o menos metros cuadrados, con mayor o escaso bullicio, con espectaculares o tímidos eventos análogos, y siempre, siempre al final, terminan por heredar una lista de páginas a devorar.
Suelo afrontar cada feria literaria como me he conducido al conocer una nueva ciudad. Me explico: dejándome fundir entre sus calles para reconocer paso a paso sus olores, ruidos, paredes, su esencia, su rostro sonriente y oculto. La otra manera, más mesurada, es a través de guías o mapas que con anticipación interiorizo, desenhebro, reconstruyo para llegado el momento, hacer rendir los granos de arena del reloj de la vida.
Pongo como ejemplo dos ciudades que inician con “B”: Buenos Aires y Bangkok, ambas disímbolas, como fue la manera de acariciarlas, de observarlas, de sentirlas, de amarlas.
Bangkok requirió de mapas, libros explicativos que permitieron bajar a un plano cartesiano esa fusión que impregna el río Chao Praya a ambas orillas, donde a cada pier se toman las veloces embarcaciones cuales bondis, aparecen siempre repletos de cotidianos transeúntes que se desviven por llegar a tiempo a sus compromisos. El río exhibe su cara más fétida y pobre y alegre y vibrante, un mercado en balsas, rodeado de casas flotantes, a medio derruir, paraíso cautivo para las nikon y canon. En otro sector, los tuk tuks zigzaguean entre el tráfico y el aroma a gasolina, conectando los palacios y jardines reales con las zonas de rascacielos y malls gigantescos.
En la afamada calle Corrientes cuenta la leyenda que alguna especial noche de luna, las 1001 librerías vecinas de 1001 teatros y de 1001 cafeterías, se ponen sus mejores galas, toman la calle, la invaden con sus mejores armas: sillones, música y jolgorio y presumen a sus anchas la vendimia cual zoco marroquí con sabor a candombre. Buenos Aires se decanta gota a gota, libro a libro, tango a tango…
Recorriendo los pasillos de la feria del libro en Monterrey me topé con algunas ediciones interesantes de la serie “ciencia que ladra”, adquirí algunos para completar la colección que inicié en Av. Corrientes hace ya un par de años. Conseguí una edición en alemán de “la metamorfosis” y al dar la vuelta emergió un stand que entre otras cosas, mostraba un cartel sobre la próxima película de “Boogie el aceitoso”, excelente personaje creado por Fontanarrosa y que de niño fiel seguidor fui.
El mejor paseo en catamarán por el río Chao Praya fue sin duda en la ocasión en que, gozando del buen uso del libro guía sobre Tailandia, encontré un pequeño apartado con información sobre elegantes cenas navegando de un extremo a otro del río. Vía internet, separé un par de lugares a pesar de estar aún a miles de kilómetros de distancia. No pudo ser mejor la idea, sin el email no nos hubieran dejado abordar siquiera. Bajo una ola de calor navegamos hasta el puente Rama IV y apreciamos tanto de ida como de regreso la fastuosidad de los iluminados palacios imperiales y el espectacular templo con sus cinco torres: Wat Arun.
Nuestra charla fue amena, virando del estupor, pasando por el terrible calor hasta recaer en las responsabilidades de amar. Según Lily: ‘’decir te amo cuando realmente se hace, engrandece a la persona”. Mi réplica consistió en ese entonces que eso era el equivalente a andar pagando un arancel de por vida.
Alejandro Dolina escribió en su afamado libro “Crónicas del ángel gris” sobre los amores imposibles. Aprovechando la única ocasión al año en que un sillón mullido reposa bajo los semáforos de la avenida Corrientes comencé a hojear la obra del argentino que deleita con cada página los embates, los avatares y los vaivenes con las morochas y rubias de un rincón, el barrio de Flores en Buenos Aires.
Había ido una tarde a la biblioteca de la universidad por unos libros que necesitaba para descifrar los misterios de la bolsa de valores, examen en puerta y yo sin distinguir la diferencia entre un mercado bull o bear. Allí me encontré con Laura, quien de ipso facto se unió a mi causa y nos ubicamos en una cómoda mesa con pícaras lamparitas Realmente no estudiamos nada, con las consecuencias adversas que el futuro entonces nos acarreó, sin embargo, pasamos una velada de charla ininterrumpida, que viró de las diferencias culturales vascas y mexicanas al amor, terminando yo por aprender en Euskera el significado de “maite zai tut” y vivir en carne propia esa experiencia.
"De cada mil personas que acaso pasen por esa puerta acaso nos conmueva solamente una. Del mismo modo, quizá solo una entre las mil tenga a bien impresionarse con nosotros. La cuenta es sencilla: sin contar percepciones engañosas y desilusiones posteriores, la posibilidad de un amor correspondido es de una en un millón”, explica Dolina. Levanto la vista, el bullicio prosigue en Corrientes, la librería Gandhi tiene una cara diferente, de feria, lugar mágico. Me levanto del sillón y me pierdo entre la multitud de cazadores de libros.
Pasando el stand donde Boogie el aceitoso mira con desprecio, está la puerta que dirige hacia el pasillo donde se ubica una exposición de España, con fotos de revistas del franquismo, libros no publicados en México, y entre ellos, me hace guiños uno para niños, escrito en Euskera. La curiosidad estira mi mano para hojearlo, en busca de algo, alguna palabra, frase que conecte con la nebulosa del recuerdo de mis gloriosos días en país vasco, y encuentro, ahí, en la feria del libro, ahí mismo, “Maite zai tut”.
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