Pies en el agua
El pabellón lucía abarrotado, cientos se mueven entre los pasillos de la exposición literaria que cada año se realiza en Monterrey. La obra de Vargas Llosa resalta por su recién adquirido premio a la entrada de una casa editorial.
Novedades, clásicos, millones de universos, historias, biografías, teorías y sueños se entremezclan en cientos de metros cuadrados. Devorando títulos ve el reflejo de ella en el kiosko de enfrente, va tras él entre el tumulto y al llegar ha desaparecido, dejando sembrada la incógnita...
Pasada la emoción, entre mares de páginas encontró una buena opción a adquirir, otro nobel, Pamuk y su Istambul a orillas del Bósforo, y entonces llegó, con un suave vaiven, un rítmico oleaje, el muelle, sus pies mojados, la lluvia, solo ella y nada más que ella, casi a las cinco de la tarde, esperandolo con una sonrisa.
Al parpadear de nuevo el bullicio retorna energizado, clientes atiborran los pasillos, una portada ilumina el nombre de ella y al tomar el libro ha cambiado de nombre. -¿Cómo lo haces Justina?- se pregunta él.
Solo sabe a ciencia cierta, que el reloj corre sin piedad su marcha atrás y que pronto, muy pronto, la rodeará con sus brazos para ya no dejarla ir. Por lo pronto, son casi las cinco y es hora de pagar "Istambul" y continuar el camino que como todos, lo llevará al hogar, al muelle, donde ya estuvieron y donde estarán. -Seca tu lágrima- ordena él. -o la seco a besos-.
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María -