Lecturas y desvaríos
Un café, cortao, vamos, un macchiato pues, joder! Esta gente no sabe ni a lo que se dedica. Venga, el vuelto, gracias.
No hay mesas disponibles, muy al contrario de lugares sin alma, digamos amablemente atmósfera, que he conocido. Vale. Comienzo a hojear primero, después a leer detenidamente, las páginas del país semanal, hasta llegar al artículo que me permite escabullirme de la charlas vecinas, de olor a crepa de jamón con queso, de las miradas de los camareros en espera de mis órdenes.
Piccard. Familia Piccard. Suizos, 3 generaciones de aventureros y científicos, excelente combinación para estos aciagos tiempos de Bonds hiperviolentos. Devoro la historia mientras mis conexiones mentales se evaporan a cabinas submarinas, globos aerostáticos, aviones solares.
Cuántas clases de mexicanos hay? Muchos hablan de fresas, nacos, chilangos, regios, culiches, jalisquillos, una fauna digna de zoológico. Yo los catalogo simplemente de dos maneras: Los mexicanos que fabricaron los dispositivos ópticos para los vehículos de la NASA en marte. Éstos amigos, hermanos espirituales de los Piccard, saben anticipar el futuro, crear, transformar, parecen alquimistas revolucionarios.
Tenemos la otra clase de mexicanos, recordemos a aquellos que borrachos apagaron con orines la llama del soldado desconocido en París. Esa es la otra clase de mexicanos. Para mí no hay duda, solo existen esas dos clases. La pregunta es... Cuántos hay de cada una???? La respuesta nos dará la clave del país, su futuro.
Continuo con la lectura. Ahora se habla de la diversidad religiosa del planeta. Otro tema de meditación, ya vapuleado por mi curiosidad. El marketing es todo. Inconexa relación, no???
Me explico, el gran mercadólogo del cristianismo, San Pablo, aventó a las masas el discurso en la mismísima cima del monte Aerópago. A partir de ahí se comenzó a gestar el movimiento en occidente.
Ahora, Ratzinger desdice a Wojtilia, el infierno con toda su rudeza existe, así como el cielo con nubecitas. Los Piccard han bajado a las profundidades del océano y volado entre nubes, extremos planetarios, elementos de la misma cadena. Unos evolucionan, otros, se aferran al medievo y otros, los peores, se mean en el orgullo de naciones.
Así es este mundo. Cierro la revista, ideas combinadas, divagaciones al parecer inconexas, lecturas que invitan a la irreflexión. Me quedo mejor con frase del maestro Alejandro Dolina:
Ignorar las consecuencias de los propios actos, eso es el infierno.
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