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DUNKELSEELE

Inverosímiles conexiones

Inverosímiles conexiones

El doctor abrió el cofre cuidando de no estropear la chapa, forzándola, al tiempo que las miradas se plegaban a descifrar el contenido que la escena ofrecía. Nadie a ciencia cierta, contaba con idea clara de nada. ¿Cómo llegaron ahí? ¿Qué buscan?

Después del delicado crujido, entre el polvo, herrumbe y telarañas, de entre la oscuridad surgieron un par de cajas de madera, labradas detalladamente, con alusiones orientales, quizás de la India, aunque originarias de China pudieron ser también. Cada una contenía rastros de no haber sido utilizadas desde tiempos lejanos, y a pesar de ello, resaltaba su excepcional belleza. Unos artefactos descriptibles como ganchos, de unos doce centímetros, envueltos en una seda grisácea, atesoraban recuerdos de dolor y sufrimiento. Unos pequeños frascos de vidrio, no abiertos en por lo menos una centuria, protegían celosamente sustancias prohibidas, agobiantes.

Eli despegó la mirada comunitaria y lentamente recorrió con sus ojos el patio, los carmines muros, los árboles desnudos, cuyas débiles ramas proyectaban sombras, reflejo sin piedad abstraído del cuarto creciente.

La ubicación del edificio, a la periferia  de centro histórico, era un argumento a favor, que unido a las demás piezas del rompecabezas, pudiera ofrecer una coherente explicación a todo.

El doctor, después de un detenido análisis a respiración entrecortada, comenzó a dilucidar el antigüo uso de los artefactos combinados con los químicos, olvidando momentáneamente el par de cajitas talladas.

Antes de iniciar la explicación, Eli emitió el grito más tenebroso jamás escuchado, alterando brutalmente a todos y derrumbando la escasa confianza del grupo. Jorge quiso calmarla con  un abrazo, pero Eli, sin más, le clavó una de las horquillas  directamente a la aorta, para después huir internándose en los fríos pasillos del edificio.

Todos enmudecieron, por un lado el reguero de sangre, por otro, la suave brisa crujiendo las esqueléticas ramas, nadie se movió, nadie hizo algo para frenar el terror.

Desperté con la extraña sensación de haber formado parte del equipo en ese olvidado manicomio.

Realmente fui en verdad o solo unas semillas florecieron en mi inconsciente  para alucinar, no olvidar y plasmar todo? Miré al lado, busqué luz, y lo único que encontré en la mesa contigua, fueron unas extrañas cajas labradas preciosamente en madera, que lentamente se difuminaban.

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