Ven y cuéntalo
Después de un ciclo escolar en el país vasco, específicamente en la bella Donosti, me adapté al sentimiento de vivir bajo el manto del terror. En una ocasión transitando a altas, pero altas horas de la madrugada por la calle Juan de Bilbao, oasis de bares independentistas, donde el castellano está prohibido y las paredes tapizan consignas vs Espana, el rey, el presidente en turno, y donde mis amigo radicales me instruyeron a sobrevivir entre cerrazones de mente, ahí, me di cuenta de que sigilosamente los huranos vecinos se turnan a vigilar a los que arrastran sus borracheras por tal sitio. En mi viaje de tequilas, kalimotxos, canitas y zuritos, se me ocurrió la no tan brillante idea de desprender un pintoresco poster que mostraba los pies de un muerto con un número colgando del dedo mayor. Al acerca la mano a él, escuché un silbido y de volada sombras entre las cortinas de los ventanales chaval, que dan a la calle, se agitaron para prepararme un paliza, muy a pesar del anuncio de Amnistia Internacional que colgaba a inicio de la calle. La lucidez de superviviencia me indicó que siguiera caminando hasta alcanzar el depa en esa misma calle donde pasé un mes, conviviendo con holandesas y alemanes.
El gobierno vasco, con el afán de atraer al escaso turismo ibérico a sus tierras, desarrolló una campana bajo el slogan "ven y cuéntalo", combinado con imponentes paisajes de bosques, costas, montanas que invitan a nunca dejar esta patria.
Los abertzales, jóvenes iniciándose en las callejeras batallas vs ertzaintzas, se dedican a gamberradas que van desde la tradicional guerra de piedras contra la policía autónoma hasta el incendio de coches y destrucción de vitrinas. Me tocó una vez, en plena alameda, esquivar piedras mientras los guardias civiles corrían hacia mi, me pasaban y daban su dosis a los rijosos. Otra ocasión, ya más oscura, me enteré de que en la playa aparecieron algunas carteras tiradas, equipadas con mecanismo detonador y suficientes clavos para dejar ciego y arrancar manos, desfigurar rostros y joder la vida a quien la avaricia o curiosidad pusiese en tentación. Una pobre senora se quedó manca e invidente de por vida. Algún fotógrafo certero, la grabó en su pentax, para que después corriese la misma imagen, en las calles guipuzcoanas, ampliada en un poster con la leyenda: "País Vasco, ven y cuéntalo".
Morelia 2008. Ven y cuéntalo.
Junto a la plaza Ocampo, lugar de los atentados que cegaron existencias y mutilaron destinos está la plaza de armas o también denominada de los mártires, ya que muchos caudillos independentistas fueron ejecutados ahí durante la guerra de liberación. De hecho, el portal al costado poniente de catedral es el sitio donde fue fusilado el héroe Mariano Matamoros.
Hace 200 anos se dieron las conspiraciones para liberar la Nueva Espana del yugo político del estado espanol, como ahora el país vasco busca con sangre. Hoy por hoy, el terrorismo aterrizó y fue precisamente en Morelia. Ven y cuéntalo, dirían los vascos.
Iturbide ,primer emperador de México, cuyo nombre en vasco significa ""el camino de la fuente"", fue Moreliano, y asesinado bajo tración, en Tampico. Ven y cuéntalo. Entre las víctimas hubieron unos tamaulipecos.
Hoy el país es gobernado por un moreliano, quien hizo frente al crimen sin las herramientas adecuadas y como historia cíclica, conspiraciones, mártires, ejecuciones, tuvieron epicentro en la capital ideológica, les guste o no, del país. La debilidad de un estado, la profunda división entre liberales y conservadores, el amor al consumo y alejamiento de la naturaleza, la ignorancia rampante, todo eso combinado forma los despojos de nación-país que alguna vez unos pocos aspiraron a alcanzar. No creo en las casualidades, mas bien en las causalidades.
Escuché a un regio, uno de esos fresas de mierda y además remaricón, sí, de esos llorones que se pusieron indumentaria blanca, tomaron una vela y salieron a las calles a lloriquear el que secuestren y maten a los de su clase, lo escuché decir que qué bueno que en Morelia sucedió eso, que ya somos muchos. Ven y cuéntalo.
México se fue al carajo en 1847, gracias no a los gringos, gracias a la escoria mexicana de ese entonces que traicionó al país. Hoy por hoy, esos cerdos corretean libres, gozando de la libertad de expresión obtenida con la sangre de antepasados. Corren cada fin de semana a Mac Allen, patio trasero mexicano, corren a ser subgringos. Eso es lo que son y se lo merecen. Subciudadanos de la única potencia que ha pasado de la barbarie a la decadencia sin pasar por la civilización.
Morelia, mucha sangre han derramado tus hombres por escoria. Parece tu destino.
Ven y cuéntalo.
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