Da el salto
Qué esperas? da el salto, no te das cuenta, nórdica luz, que eres el motivo de mis desvelos? Tantas señales son innegables peque.
¿Acaso nuestros ojos no cruzaron ya llamaradas eternas? ¿No bebimos del licor del recuerdo? ¿Cuántas millas más me esperan para alcanzarte chiquilla?, quizás no son nunca suficientes las recorridas y siempre el hambre de más me aleja irremediablemente de ti. O quizás no.
Escondes el rubor en una mascada de sonrisas, te vuelves inalcanzable y sin saberlo, estás a la vuelta de la calle donde un infante desconocía que el camino de la vida se desdibujaba mientras los zapatos atesoraban encuentros y desencuentros.
Desencuentros, sí, ¿quién lo diría? Queriendo recobrar el tiempo perdido me topé con el espejo de los desencuentros, donde tu imagen hace ya tiempo se fugó dejando la del infante reflejado con 27 años más.
Da el salto pequeña, que mis brazos te esperan para recibirte, así, enlazados, continuaremos recorriendo la vital vereda hasta que el tiempo ya no nos importe.
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